“Con el amor viene la pérdida. Es parte del trato. A veces duele, pero al final, lo vale todo.”
(Cómo Entrenar a tu Dragón 3, 2019)
Quien cree que una película es solo una película, peca de superficialidad. Lo he afirmado y lo reafirmo nuevamente, sobre todo considerando la intención de este artículo: abordar una de las frases más bellas y verdaderas del cine animado.
Dirigida por Den DeBlois y producida por Dreamworks, Cómo Entrenar a tu Dragón vio la luz en 2010, dando lugar a una trilogía que se extendería hasta 2019. Así, marcó a toda una generación a través de una emocionante historia que combinó el mundo de los vikingos con la fantasía y las épicas leyendas escandinavas.
Hoy ha vuelto a ser tendencia gracias a la reciente adaptación live action. Eso nos ha motivado a repasar la saga, aunque yo siempre me quedaré en aquella enseñanza plasmada en la tercera película. No solo es una frase bonita. Es una certeza existencial.
El sabio Estoico
Si nos vamos a Cómo Entrenar a tu Dragón 3 (2019), podremos revivir uno de los momentos más emotivos de la trilogía. Ya nos hemos introducido en la historia del protagonista, Hipo, y de su padre, Estoico el Vasto, cabeza de la isla de Berk. Hemos visto su relación evolucionar progresivamente. Y hemos conocido también su pasado, específicamente cómo resuena el eco de Valka, madre de Hipo, quien murió cuando éste aún era niño.
En la tercera película, la historia del héroe llegará a su fin, conscientes de que todo relato legendario termina con una separación. En ese contexto, volvemos a un momento pasado, con un pequeño Hipo y un Estoico quebrado por la muerte de su esposa.
El niño vikingo le pregunta a su padre si volverá a tener una nueva mamá. A esto, el jefe le responde: “no quiero a otra mujer. Tu mamá fue la única en mi vida. Pero con el amor viene la pérdida, hijo. Es parte del trato. A veces duele, pero al final… lo vale todo. No existe nada más poderoso que el amor.”
El amor es búsqueda
Fuera de lo conmovedor de la escena, tras la cual Hipo comprenderá que su viaje debe terminar con la renuncia del mundo que conoce, la frase de Estoico es algo que remite a los escritos de los antiguos filósofos.
En primer lugar, vemos que el amor, antes que nada, es una búsqueda. Es una tendencia, una inclinación hacia lo que consideramos un bien. Cuando nuestra razón nos señala algo que resalta entre los demás bienes, nuestra voluntad es atraída hacia ella.
El amor es anhelar, desear y estar en constante presencia de esa cosa buena. Comprendiendo que esta flor es la flor más bella de mi jardín, mi amor me lleva a preocuparme primordialmente de ella, a atenderla y a cuidarla. Esa flor es para mí, como lo dice cierto pequeño príncipe, “única en el mundo”.
Y como el amor es búsqueda, el amor es renuncia
De este modo, el amor nunca será algo gratuito. “Quien elige algo, renuncia a todo lo demás” dirá Chesterton. Quien busca algo, debe estar dispuesto a salir de donde está. El amor debe ser vivido como un viaje sin retorno.
Los filósofos enseñaban que amar implica necesariamente rechazar aquello que nos separa de ese bien amado. Quien ama a alguien, no debería elegir nada más en la vida, pues considera que está en posesión de lo mejor que podría elegir.
En una relación, hay muchísimas cosas de las cuales deberemos desapegarnos. Algunas de ellas son el tiempo, el dinero, el descanso, los hábitos, incluso, las cosas que son claramente nocivas, como falsedades, conductas agresivas y otros vicios.
En definitiva, todo amor es renuncia. O, en palabras de Estoico: “con el amor viene la pérdida”. Y eso es parte del trato. Solo ama de verdad quien está dispuesto a perder.
Quien ama, muere
Decía el gran Leopoldo Marechal: “No hay arte de amar que no sea un arte de morir”.No entendemos, aquí, “morir” literalmente (aunque hubo un Hombre en la historia que realmente lo hizo) ¿A qué se está refiriendo?
Para que nuestro amor sea pleno y profundo, es necesario corresponder a ese amor. No podemos amar a alguien bueno y no buscar ser igual de buenos. El amor solo puede darse entre iguales, enseñaba Aristóteles.
En ese sentido, quien ama debe morir, es decir, renunciar a lo que es y a lo que tiene. Esta renuncia la hace para asumir la forma de lo que ama. Aquél que ame las cosas, no podrá evitar cosificarse, denigrando su propia naturaleza.
Así, de la misma manera, aquél que ame cosas grandes y nobles, habrá de comprometerse a ser grande y noble también, haciendo que toda muerte valga la pena. Por eso Marechal hace esta acotación: “Lo que importa, es lo que se pierde o se gana muriendo”.
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Fue así como en esta historia, Estoico el Vasco muere dos veces. Primero por Valka, pues comprendió que el amor de ella no mereció nada menos que un juramento eterno, renunciando a estar con otra mujer. En segundo lugar, muere por Hipo y por los suyos, pues el valor de su pueblo era tan grande, que solo un sacrificio igual de grande le podía ser correspondido.
Será por eso que no existe nada más poderoso. Muriendo por amor, nos volvemos más perfectos. Aunque duela el sacrificio, al final lo vale todo. Del amor nacen las parejas virtuosas. También, las amistades más leales. Los héroes más honrados. Las más grandes historias.
Soy Juani Rodriguez pero