Una educación sexual que valore el cuerpo de la mujer



Cuando se indaga en el mundo de la educación sexual, ya se ha hablado mucho y de distintos puntos de vista. Por un lado, están quienes sostienen que una educación sexual es un recorrido por el catálogo de anticonceptivos disponibles; por otro lado, quienes la abordan como una educación en el amor.

¿Qué puntos podríamos considerar como necesarios? La necesidad de dar información clara, certera y vigente, y la importancia de educar para el amor.


Sin embargo, en casi todos los acercamientos el ciclo de la mujer queda desplazado, ignorado o incluso lo presentan como algo “opcional”. Sin embargo, el reconocimiento de los ciclos es central y no debe ser ignorado.

Entender el cuerpo de la mujer

No es suficiente con enseñar en biología el sistema reproductor: las mujeres deben entender los eventos propios de su cuerpo. Esto implica reconocer la menstruación como consecuencia de la ovulación, la ovulación como el evento central del ciclo, y la producción de hormonas femeninas como producto de la ovulación.

Los ciclos son un evento de la fisiología femenina. Por ello, plantearlos como “eliminables” o “suprimibles” es afirmar que la mujer no tiene derecho a un cuerpo sano, y que su salud vale menos que la salud del varón. Los anticonceptivos hormonales no igualan al varón con la mujer: por el contrario, aumentan la desigualdad. La fertilidad de la mujer es la salud de la mujer.

Un camino de valoración


El cuerpo de la infancia paulatinamente queda atrás, dando lugar a un cuerpo adulto. Un nuevo cuerpo —que puede parecer ajeno— toma su lugar, cambiando la mirada propia y ajena respecto de uno mismo. El cuerpo de la mujer está sexualizado desde muy temprano en la adolescencia. Esto es evidente para las mujeres cuando en redes sociales reciben más “likes” si el contenido tiene insinuación sexual en la pose, el “caption”, etcétera.

Reconocer los ciclos es una manera real y concreta de mostrar el valor propio del cuerpo. El cuerpo es bueno en sí mismo, y no por su apariencia o el uso que haga de él, ni por la mirada sexualizada que haya sobre él. El cuerpo es bueno, y busca la salud integral. El reconocimiento de ciclos es un camino en el que se aprende a mirar al cuerpo de la mujer desde un lugar de respeto. Es una mirada que, con amor, busca entender su funcionamiento, como clave para poder cuidarlo.


La fertilidad y sexualidad están vinculadas en la realidad


El reconocimiento de ciclos muestra la intimidad que hay entre sexualidad y fertilidad. Su vínculo es real y concreto. Contrariamente a lo que muchos programas de educación sexual plantean como “vías que no se tocan”, el reconocimiento de ciclos pone claridad respecto de la sexualidad y la fertilidad.

La sexualidad y la fertilidad están naturalmente vinculadas. Ser sexualmente activo implica la posibilidad de embarazo. Esta realidad debe ser conocida primero, para poder asumirla. Esta verdad, enseñada de manera clara, dispara la pregunta natural a la hora de iniciarse en las relaciones sexuales: ¿qué sucede si ocurre un embarazo en la siguiente relación sexual? Curiosamente, este tipo de preguntas ayuda a una sexualidad madura y entendida, dado que permite captar la hondura de lo que implica la vida sexual.

Los anticonceptivos y sus efectos


Los anticonceptivos de hoy no son los de ayer, y probablemente no sean los del futuro. Los anticonceptivos cambian, caen en desuso y aparecen nuevos. Por esta razón, primero se debe entender la fertilidad, y luego los anticonceptivos vigentes.


Solo quien entiende los ciclos y la fertilidad humana puede entender el mecanismo de acción de un anticonceptivo y sus consecuencias. Sin embargo, los programas de educación sexual eligen el camino inverso: primero explican, muestran o dan muestras gratis de anticonceptivos vigentes. Sin un contexto, difícilmente el adolescente entienda el mecanismo de acción, dado que no aprendió nada respecto de ciclos y fertilidad.


La falsa inocencia con la que se presentan los anticonceptivos en general, y sobre todo, los hormonales en particular, deja a la mayoría de las adolescentes sin sus primeros tres años de ciclos. Estos son especialmente importantes, dado que es cuando se da la madurez del sistema reproductor. Así, a veces encontramos mujeres de veinticinco años que llevan diez años tomando anticonceptivos hormonales: estas mujeres no tuvieron ciclos, anularon la oportunidad de poder madurar y generar ciclos con hormonas femeninas.


¿Y con los varones? ¿Se aplica igual?

La fertilidad humana no es de la mujer o del varón, dado que ninguno puede suplir al otro en la reproducción. Es verdad que el ciclo es un evento de la mujer, pero los varones tienen el derecho y la obligación de conocerlos tal como la mujer; la única manera en que el varón puede amar y respetar a una mujer sexualmente es si ama y respeta sus ciclos, puesto que esta es una realidad intrínseca de ella.

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En la educación para el amor, debemos ser claros y precisos, y brindar información suficiente y certera. Esto incluye el reconocimiento del ciclo de la mujer como factor de salud femenina, tanto por parte de ella como por parte del varón. Apostemos a esta mirada, verdaderamente amorosa y respetuosa.


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