Testimonio de recién casados



Después de 5 meses sin escribir, no sabíamos cómo regresar. Verás: nuestro primer artículo lo escribimos como novios, y este lo estamos escribiendo como esposos. Sí: ¡nos casamos! Fue el 27 de noviembre de 2021, luego de un largo caminar juntos. Por ello, hicimos una pausa para poder centrar nuestra atención en el Sacramento y en los primeros meses de casados.


Hay muchos temas de los que podríamos escribir en este momento: maneras de evitar el egoísmo en el matrimonio, la vivencia de la castidad en el matrimonio, la apertura a la vida y los métodos naturales… Quizás estos temas sean los próximos, pero la verdad es que no nos sentimos llamados en este momento a hablar de teoría, sino de aquello que hemos estado experimentando. En pocas palabras, lo que intentaremos es ponernos al día contigo. Por eso quisimos compartirte nuestra experiencia sobre tres puntos de los que todo el mundo habla antes de casarse.


La convivencia antes de casarse


Ninguna persona cercana a nosotros nos llegó a preguntar por qué no vivíamos juntos antes de casarnos para ver si lo nuestro realmente iba a funcionar. Pero suele ser el consejo principal del siglo XXI, y lo leíamos en todos lados. En nuestros últimos cinco años de noviazgo, teníamos claro que viviríamos juntos cuando fuéramos esposos, porque solo así cobraría sentido el casarse. Por ello, dicen las Escrituras: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer y los dos serán una sola carne” (Génesis 2, 24).


Pensamos que es raro poner a prueba lo que se está seguro. Y más raro aun condicionar el amor hacia alguien: como si dijeras “si no nos entendemos en la convivencia, no nos casamos”. Probar “antes de” funciona cuando vas a comprar una cosa, no con las personas. El camino de noviazgo existe para crear certezas en cuanto a la relación y, si lo que necesitas es un “test de convivencia”, es porque realmente no hay seguridad en la relación, ni confianza en la persona.

Desde nuestro testimonio, esperar a ser esposos para vivir juntos fue una gran decisión. No porque la convivencia sea una “maravilla perfecta color de rosas”, sino por la certeza que ambos tenemos de que hay alguien a nuestro lado que afirma mi valor como persona. Alguien que elige amarme y seguir construyendo ese amor, aun en las equivocaciones y defectos, ¡como nos lo prometimos!


Nadie dice que será fácil que dos personas de distintas crianzas unan sus vidas para siempre, claro está. Pero, si no estás dispuesto a trabajar en equipo, a tener mucha comunicación y a muchas veces salir de ti para servir al otro, aunque hagas muchas “pruebas” antes de casarte, nunca funcionará.


Las tareas del hogar


En nuestras conversaciones preboda hablamos sobre cómo nos íbamos a dividir las tareas del hogar. En ese momento creíamos que iba a funcionar, pero en la práctica la historia fue otra, y no nos funcionó así. Por ejemplo: de novios habíamos acordado que, con respecto a la cocina, uno se encargaría del desayuno y la cena, mientras que el otro haría el almuerzo. En limpieza, el mismo objetivo; y así sucesivamente con las demás áreas. La realidad es que, en lo personal, aprendimos que no se trata de repartirse las tareas 50 % y 50 %, porque muchas veces tocará dar el 100%. Somos un equipo, y ambos sabemos que nuestra familia y hogar son lo primero ahora; y entendimos que, más allá de una división de tareas, se trata de una donación diaria, de una disposición a servir.


Después de entender esto —luego de un par de discusiones—, frases como “Yo hice tal cosa, te toca a ti” o “Ya cumplí mi parte y tú no haces nada” no entran en nuestros diálogos. Este punto de vista nos permite tener una comunicación asertiva: “Estoy un poco cansado, ¿podrías hacer esto por mí?”. ¡Y nos ha ido mucho mejor! Como dice Gary Chapman, autor de Los cinco lenguajes del amor, las peticiones dan dirección al amor, pero las demandas detienen el flujo del amor.


La compatibilidad sexual


Una vez nos preguntaron “¿Cómo saber si hay compatibilidad sexual? Sobre todo en un noviazgo que busca la castidad… Eso es importante”. Nosotros tuvimos un noviazgo en donde buscamos vivir la virtud de la castidad en todas las dimensiones de nuestra sexualidad humana, entre ellas, el esperar a tener intimidad sexual. Ahora, como esposos, afirmamos que efectivamente la búsqueda de una “compatibilidad sexual” es un mito, un engaño moderno


Así como aprendemos a convivir, a escucharnos, a dialogar, a conocernos… De la misma manera, el hombre y la mujer, en el contexto del matrimonio, aprenden a amarse y a entenderse en sus diferencias y gustos. Así, juntos podrán disfrutar de su encuentro conyugal, lo cual muchas veces, sobre todo en los recién casados, es un paciente camino de ensayo y error, entendiendo que el placer es un medio para el amor, y no un fin. Esto quiere decir que, aunque el placer es importante, no es lo más importante. Lo más importante es que los esposos se amen, se respeten y juntos piensen igual en hacer feliz al otro.


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Hay muchas más experiencias vividas que confirman lo que compartimos de novios, pero por ahora te dejamos estas tres. Esperamos que puedan ser un poco de luz para tu vida. Síguenos en @sexualidadycastidad para descubrir más contenido como este.