¿Deben los varones conocer los métodos naturales junto a su pareja?



En el mundo de métodos naturales, esta pregunta no es infrecuente. Para aprender a registrar cualquier método natural, hay que saber cómo funciona la fertilidad humana. El varón tiene una fertilidad lineal, continua, que no responde a otro evento del cuerpo. Esto quiere decir que a partir de los 13 años aproximadamente va a producir espermatozoides, hasta que muera. Si bien la producción baja entre los 40 y los 50 años, esta bajada no cambia significativamente en términos de fertilidad.


El varón produce, la mujer madura


La fertilidad de la mujer, en cambio, se da de manera cíclica. De los 13 años hasta los 50 aproximadamente, su cuerpo va a madurar y liberar un óvulo capaz de ser fecundado. Una de las grandes diferencias es que el varón produce, y la mujer madura. Estas palabras no son inocentes, sino que muestran la primera gran diferencia entre el sistema reproductor del varón y de la mujer. El varón produce nuevos espermatozoides, de manera lineal; la mujer nace con óvulos inmaduros, y en un proceso cíclico los lleva a la madurez. No produce nuevas células reproductivas, sino que nace con cierto número fijo.


Otra aclaración importante respecto de cuántos hay: las cantidades de óvulos inmaduros al nacer, o de espermatozoides en la eyaculación, superan los cientos de miles. Sin embargo, estos números no son los que entran en juego a la hora de considerarlos células reproductivas “fecundables”. A la hora de la fertilidad, bajan abruptamente los que son “fecundables” —tanto espermatozoides como óvulos maduros—; merece un artículo aparte cómo se comportan estas cantidades. Lo importante es que el varón produce nuevas células, y la mujer madura lo que ya tiene.


Potencialmente fértiles


Sin embargo, ninguno se autorreproduce. No es técnicamente cierto que la mujer sea fértil o que el varón sea fértil, puesto que solos no pueden reproducirse. Solamente uniendo varón y mujer se puede producir la fertilidad. No importa que tan buena y sana sea tu célula reproductiva: si se mantiene sola, no producirá nada nuevo. Solamente el varón y la mujer son potencialmente fértiles.


Hablamos de “potencialmente fértiles” porque la mujer solamente podrá engendrar nueva vida en el tiempo cercano a la ovulación. Lejos de este tiempo, es infértil. Si no hay un óvulo disponible para fecundar, entonces, la pareja humana es infértil. Este estado de infertilidad de la mujer transforma a la pareja humana en infértil. Esta realidad —el varón con su fertilidad lineal, y la mujer con su fertilidad cíclica— muestra que el tiempo de fertilidad de la pareja humana va a estar dada necesariamente por el ciclo de la mujer.


Esta realidad se explica y es evidente en los métodos naturales. Los métodos naturales son un sistema de registro de los ciclos de la mujer que, además de identificar el tiempo de la ovulación — el tiempo durante el cual es posible engendrar un hijo—, registra los signos de salud del propio ciclo. La mujer comienza a entender los tiempos de su cuerpo, la influencia de las hormonas, y lo que es saludable para su cuerpo. Registrar los ciclos es comenzar a entender lentamente que la versión saludable del cuerpo de la mujer está en organizarse en ciclos, producir hormonas, ovular y menstruar. Las mujeres rápidamente comienzan a conectar con estos procesos biológicos, y hay un entusiasmo natural por entender y decodificar todos los eventos fisiológicos que permanecen desconocidos.


Ese entusiasmo natural y esa intriga lógica de lograr armar el rompecabezas del propio ciclo y del propio cuerpo no es algo que el varón logre entender. La claridad que la mujer comienza a tener de los eventos fisiológicos es la barrera natural tras la cual el varón es un simple espectador. Él no tuvo nunca un sangrado: ni más abundante que lo normal, ni menos, ni doloroso, ni adelantado ni atrasado, ni más ligero, ni nada. El jamás tuvo un sangrado. Así, es entendible la distancia que siente. Él no fue ni será jamás sujeto de un ciclo hormonal, ni sus cambios, ni sus alteraciones. La salud del cuerpo de la mujer, y los eventos físiologicos son exclusivamente de ella.


Entonces, ¿tienen que saber o no los varones sobre métodos naturales?


Cualquier varón debería saber cómo funciona la fertilidad humana. Pero para aquellos que están en pareja, que son sexualmente activos o tienen intención de serlo en un futuro, la respuesta es SÍ. Clara y contundente.


Sí. En primer lugar, porque los ciclos son parte sana y buena de la mujer que aman. Con lo cual, si uno busca el bien y la plenitud de su pareja, deberías querer que tu mujer tenga ciclos sanos, y colaborar en todo lo que ello se pueda. ¿Qué pareja no quiere que su mujer sea sana?


En segundo lugar, y esto sería exclusivo a quienes son sexualmente activos: la fertilidad no es de la mujer o del varón, sino que es de ambos. Reconocer el tiempo de fertilidad puede ser algo que produzca un entusiasmo natural en la mujer y no en el varón. Sin embargo, solo la observación es exclusiva de la mujer. Ella entiende su cuerpo, pero luego está el proceso de registrarlo. Llevar un registro claro, anotado según los criterios del método, no es exclusivo de la mujer, sino que es exclusivo de la pareja. De ambos. Dejar el registro en manos exclusivas de la mujer implica desentenderse de la procreación de la familia. Ella no tiene la responsabilidad de los hijos, puesto que no son sólo de ella. Tampoco el tiempo de fertilidad es suyo.


Las parejas que sean sexualmente activas y registren el ciclo deben entenderlo: buscar o evitar un embarazo, la vida sexual, el tiempo de fertilidad o infertilidad… son quehaceres de ambos. Se ejecutan de a dos, y por ende la responsabilidad es de a dos. Esto no es evidente para todas las parejas inmediatamente, y sin duda constituye un ejercicio de ambos: la mujer de hacer partícipe al varón, y de no excluirlo; y del varón, de hacerse cargo y no esconderse bajo la excusa “eso es de mujeres”. No es una versión responsable creer que uno accede a la vida sexual sin tener noción alguna de la fertilidad. Es un rasgo de inmadurez, de falta de compromiso y, por qué no, de abandono de la mujer, pues se la deja a ella como única responsable.

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Los usuarios de métodos naturales, estén buscando o evitando el embarazo, deben entender y ejercer de común acuerdo su intención respecto de la vida sexual. Los matrimonios no tienen una tercera opción: buscan o evitan el embarazo. Con lo cual, van a usar los días de fertilidad o de infertilidad. Cuando el varón se desentiende del registro del ciclo, se desentiende del tiempo de fertilidad e infertilidad. La mujer es la única que carga con la responsabilidad y con el conocimiento de saber cuándo es fértil o infértil. La dinámica respecto de la vida sexual se transforma lenta o rápidamente en un permiso de la mujer. Ella sola sabe el tiempo de fertilidad, y pareciera que recae sobre ella el “cómo” buscar o evitar el embarazo.


Esa dinámica que hace que el varón pregunte por las relaciones sexuales o la mujer señale que es el tiempo óptimo para buscar el embarazo rápidamente desgasta, y genera asperezas. La vida sexual en el matrimonio es vida compartida, es comunicación de la pareja, es el idioma por el cual los esposos se encuentran, no como simples compañeros, sino en un lugar de entrega total. ¿Cómo puede haber entrega total si la mujer es la única que sabe sobre fertilidad? La vida sexual no es del varón que tiene más deseo, ni los hijos son de la mujer que quiere ser madre. Aprender a registrar los ciclos da una herramienta concreta, real: las pequeñas conversaciones diarias y la información necesaria se ponen en común para llevar adelante los desafíos de la sexualidad y la fertilidad.


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