Ser sano es ser fértil… aunque la cultura así no lo diga



Los seres humanos adultos, desarrollados, son fértiles. El cuerpo trabaja para lograr el desarrollo de la pubertad y generar un cuerpo adulto fértil. El sistema reproductor no se encuentra aislado del resto de los sistemas, como tampoco los órganos que están involucrados se dirigen sólo a la reproducción. En este sentido, es falsa la idea de que suprimir la fertilidad es inocuo para la salud.


Increíblemente, la idea de fertilidad se fue separando de la idea de salud: ya no son dos caras de la misma moneda, sino que la cultura las presenta como nociones totalmente separadas. La fertilidad aparece como opcional, como una elección o una manera de vivir la vida. La fertilidad está planteada como un adjunto o un interruptor que uno puede en algún momento prender o apagar, sin consecuencia alguna.


Cabe aclarar que con esto no queremos decir de ninguna manera que la fertilidad nos obliga a engendrar hijos de manera indistinta, dado que por algo el tiempo de la fertilidad humana es cíclica. En efecto, entendiendo el funcionamiento de los ciclos uno puede ejercer la decisión de buscar o evitar el embarazo. Pero eso no es lo mismo que suprimir la fertilidad. Evitar el embarazo no es sinónimo de cancelar un sistema saludable, pues los métodos naturales son el ejercicio que lleva a lograr interpretar los ciclos, con la comprensión su tiempo de fertilidad e infertilidad.


Sin embargo, vivimos inmersos en nociones culturales, y en general no entendemos hasta qué punto nos han influenciado. Son muchas las expresiones culturales que se han instalado, y acerca de las cuales pocas veces reflexionamos. Por ello, quizás se nos escape su verdadero significado.


La pregunta “¿Cómo te cuidas?” o “¿Se cuidaron?”


La pregunta de “¿cómo te cuidas?” a una persona sexualmente activa, o “¿cómo se cuidaron?” ante una relación sexual, se hace para preguntar, específicamente, otra cosa: “¿cómo evitaron el embarazo?”.


La palabra “cuidarse” en referencia a una relación sexual está implicada en la noción de frenar la fertilidad. Sería bueno preguntarnos: cuidarnos…, ¿de qué? ¿Acaso ser fértil es una enfermedad? ¿Realmente creemos que necesitamos tomar acciones en contra de lo que nuestro cuerpo tanto se esfuerza por realizar? ¿O quizás cuidarse del hijo? Es decir: ¿el hijo que se produce es algo de lo que cuidarse, como células malignas?


Hay una única interpretación en la cual “cuidarse” significaría “evitar un daño”: cuando se pregunta respecto de las enfermedades de transmisión sexual. Pero, para ser sinceros, la mayoría de las veces esta no es la mayoría intencionalidad tras la pregunta. Ni en los diálogos cotidianos, ni en educación sexual… Siempre se hace hincapié en evitar el embarazo, mucho más que en explicar cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual. Esto se da incluso en consultorios ginecológicos: si realmente fuera una pregunta respecto a enfermedades de transmisión sexual, entonces solamente se recomendarían anticonceptivos de barrera, poniendo un fuerte énfasis en que el anticonceptivo hormonal de ninguna manera previene ninguna enfermedad de transmisión sexual.



Las pastillas pueden ser “medicina”


Esto caló tan hondo que, cuando se habla de “salud femenina”, la asociación más directa es el control de natalidad —y, en su gran mayoría, la supresión hormonal del ciclo femenino—. La paradoja es total, ya que se nombra como “salud femenina” justamente a la supresión de una de las funciones que solo la mujer puede hacer. Si hay algo que debería entenderse como “salud femenina” es la ovulación. Se trata de la función biológica que solamente realiza la mujer, cuya actividad implica ser saludable, y que a su vez produce salud en la mujer. Desde el vientre materno, el desarrollo del cuerpo se direccionó a lograr una ovulación sana. Sin embargo, los anticonceptivos hormonales se dan sin ninguna aclaración. Muchas mujeres creen que las pastillas “regulan” el ciclo menstrual, cuando en realidad lo suprimen. Pocas saben que el sangrado que tienen provocado por las pastillas no se llama menstruación. Menos son las que entienden que se quedaron sin ovulación, sin menstruación y sin producción de hormonas femeninas.


Algunas mujeres reciben esta recomendación médica por ciclos realmente dolorosos, como una manera de calmar los síntomas. La realidad es que la medicina ginecológica no se enfocó tanto en buscar cómo lograr devolverles la salud a los ciclos: encontró una solución suprimiéndolos. Si una mujer tiene problemas en su ciclo, es más fácil suprimirlos que tratarlos. Así, la inmensa mayoría de las mujeres cree que el uso de anticonceptivos hormonales es algo totalmente inocuo.



La mutilación también es una opción


En occidente nos escandalizamos —con justicia— de las mutilaciones, humillaciones y dificultades que tienen muchas mujeres en países de bajos recursos, o cuya cultura reprime o impide el acceso a información clara y segura respecto de su sexualidad y sus ciclos. Con razón: la falta de información implica muchas veces problemas en el desarrollo de la persona, de sus actividades y de la libertad individual que tanto protegemos. Los casos más conocidos y que han circulado son los de la mutilación femenina en algunas culturas africanas, o la falta de acceso a productos de higiene en algunas mujeres de países musulmanes.


La ceguera propia que padecemos es que, en los “países desarrollados”, la mayoría de las usuarias de anticonceptivos hormonales desconoce lo que está usando. Increíblemente, la mutilación de órganos sanos, como lo son las trompas de falopio y los conductos deferentes, no produce el mismo impacto. ¡Incluso son festejados, como una “gran liberación”, como el gran uso de la responsabilidad individual!


La noción de que es un procedimiento que va en contra de la salud general del cuerpo jamás aparece. Algunos argumentan desde la emocionalidad —mencionando, por ejemplo, que “quizás uno se arrepiente”—. Pero jamás se escuchan nociones con respecto a lo que en realidad está sucediendo: la mutilación de un órgano sano, que el cuerpo produjo para su propia salud.


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El cuerpo es uno, y sus funciones se integran en un equilibrio, buscando la salud del sujeto. Ser sano implica ser fértil. Suprimir el sistema reproductor compromete la salud integral del cuerpo.


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