Reconocimiento de la fertilidad y anticoncepción



A la hora de hablar de reconocimiento de la fertilidad, esta es la gran interrogante: ¿el reconocimiento de la fertilidad afirma la sexualidad conyugal como expresión de amor? Para poder darle respuesta, debemos comprender en qué consiste reconocer la fertilidad.


Los métodos de reconocimiento o apreciación de la fertilidad son exactamente eso: una forma de seguir los ciclos ováricos de la mujer para poder determinar, a través de signos biológicos establecidos con robusta evidencia —moco cervical y temperatura corporal basal—, sus periodos de infertilidad —dos en el ciclo femenino— y de fertilidad —uno solo en cada ciclo—. Para ello, se anotan diariamente estos marcadores indirectos de la fertilidad y, a través de unas reglas, que varían según el método y que se aplican en cada ciclo, se delimitan estos períodos de forma precisa, para que puedan actuar en consecuencia con lo que como esposos han dialogado y orado.


La fertilidad es de a dos


Como se pueden dar cuenta, he hablado sólo del ciclo femenino, pero el reconocimiento de la fertilidad es de los dos, y debe ser vivido por los dos. Sin embargo, nos enfocamos en la fertilidad femenina porque, a diferencia de la fertilidad masculina —que es contante a lo largo de la vida—, la fertilidad en la mujer fluctúa de acuerdo con las oscilaciones hormonales que se producen por los acontecimientos que ocurren en los ovarios, ciclo tras ciclo. Así, la mujer observa diariamente estos signos en su cuerpo, y el hombre escribe, para que juntos sepan el curso de su fertilidad, día a día.


De esta forma, cuando como esposos han decidido posponer el embarazo, por la situación grave que lo amerite, tendrán sus actos sexuales en los periodos infértiles. Por consiguiente, elegirán unirse en entrega y acogida para manifestarse su amor y, asimismo, sin impedir la concepción por ningún método, sino “evitando la concepción”, optando por un encuentro conyugal en tiempos de infertilidad. En este sentido, viven en cada acto sexual tanto la voluntad unitiva —el deseo amoroso de entregarse al otro, de unírsele para acrecentar el amor conyugal— y como la procreativa —la apertura a la transmisión de la vida—, siendo fieles a su naturaleza humana y, con acogida, si a pesar de no buscarlo, un hijo fuera engendrado como producto de su unión de amor.


¿Qué pasa con la anticoncepción y el lenguaje de amor de los esposos?


Anti-concepción. Usualmente escuchamos esta palabra, y realmente, su etimología nos dice todo. Actuar en contra de la concepción. Los anticonceptivos comprenden todo comportamiento o acción antes, durante o después de la relación sexual cuyo fin es imposibilitar o impedir la concepción. Aquí, las acciones gritan más fuerte que cualquier cosa que el corazón quiera o desee, de tal forma que introducir cualquiera de estos métodos al acto sexual es abrir la puerta a una variación —momentánea o permanente— de la fertilidad de ambos, o ir en contra de la vida del hijo recién concebido.


Ahora, analicemos qué pasa con el lenguaje de los esposos en el acto sexual, cuando se ha optado por la anticoncepción. ¿Podrían el esposo o la esposa decir, con rectitud de intención y con la verdad, según la voluntad unitiva, “¡te entrego todo lo que soy, te recibo a ti, todo lo que eres!”, cuando quien se entrega realmente lo hace a medias? En efecto, ello es así, pues quien se entrega está diciendo: “Te entrego todo, EXCEPTO mi fertilidad completa; esa no la puedes tener, esa te la doy con estas condiciones”, y quien acoge dice: “Te recibo a ti; bueno, ciertamente solo esta parte de ti”.


Y, si vamos a la profundidad de este lenguaje, en el contexto de la anticoncepción, ¿podríamos decir que los esposos están hablando con la verdad cuando dicen entregarse y acogerse totalmente? Y, con esa respuesta en mente: ¿cómo expresar el amor en verdad, cuando en algo se miente?


Por lo anterior, cuando se decide usar cualquier método anticonceptivo con el fin o la intención clara de no permitir la concepción, se está haciendo una elección que elimina la voluntad procreativa, y ello transforma, se quiera o no, la expresión del amor conyugal —voluntad unitiva—.


Reconocer la fertilidad: un estilo de vida de aquellos que aman a plenitud


En última instancia, es importante entender qué implica la experiencia del reconocimiento de la fertilidad en la vida diaria, porque reconocer la fertilidad es vivir la sexualidad integrando todas sus dimensiones meramente humanas: física —características biológicas de nuestro cuerpo—, psicológica —pasiones, emociones, sentimientos, intelecto—, social —porque fuimos creados para relacionarnos y vivir en comunidad— y espiritual —valores, planes y proyectos de vida, así como, nuestra relación con el Creador—. Ello se traduce en responsabilidad y en dominio de nosotros mismos, con el núcleo de nuestras acciones puesto en la voluntad. Desde este punto de vista, queda patente que amar es mucho más que un sentimiento pasajero.


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Reconocer la fertilidad es poder vivir con coherencia la verdadera belleza del amor humano, que se manifiesta con el cuerpo y el alma, con fidelidad, exclusividad y totalidad y que, por tanto, siempre será fecundo, permitiendo que el amor de los esposos crezca, y con apertura a que, si Dios lo desea, del fruto de su amor inicie una nueva vida. Ciertamente, reconocer la fertilidad es el estilo de vida de aquellos que aman a plenitud.