¿Qué hay detrás de lo que expresamos y pedimos?



¿Alguna vez has pedido ayuda sobre algo en particular, y te lo han cumplido, pero has quedado insatisfecho? Posiblemente porque has querido pedir algo más que necesitabas, algo más íntimo… y esto no se satisfizo. O, si eres la persona a la que le piden el favor, lo cumples, pero percibes que la otra persona no está feliz con lo que has hecho por ella. Muchas veces, buscamos que nuestra pareja sea la que supla nuestras necesidades fundamentales, y no las enfrentamos nosotros mismos. Esperamos que el otro resuelva nuestras negligencias: exigimos, lo responsabilizamos y nos frustramos.


Un ejemplo algo extravagante —pero habitual— se da cuando una persona llama a su pareja a las 3 de la mañana, ¡que, lógicamente, está dormida! “¿Qué sucede amor? ¿Pasó algo?”, pregunta él, preocupado. “No, no es nada malo. Te llamaba por algo muy importante”, responde ella. “¿Qué es tan importante, entonces, para que me llames a esta hora?”, dice él, extrañado. “Es que quería decirte que te amo mucho”, le responde ella. Bien podría habérselo dicho por la mañana, porque parece un poco impertinente llamar a una hora como esa, ¿no es cierto? ¿Por qué la ansiedad por expresarlo en aquellas circunstancias? Casos como este hay en abundancia: las expresiones y peticiones pueden parecer innecesarias, pero quizás revelen una profunda necesidad que no comunicamos adecuadamente.


Entonces, ¿qué hay detrás de algunas de las peticiones que hacemos? ¿Estamos expresando apropiadamente nuestras necesidades a los demás? En esta oportunidad analizaremos las implicancias de las necesidades fundamentales, y los aspectos relevantes para una adecuada comunicación.


¿Qué entendemos por necesidad?


Una necesidad podría describirse como un estado de tensión desequilibrante en la persona, producto de una carencia y que genera ansiedad e intranquilidad para su satisfacción. Todos naturalmente buscamos ser amados y apreciados, ser reconocidos por los que nos quieren.


Desde nuestra infancia manifestamos estas necesidades, y nuestros padres son los primeros en suplirlas: al darnos su cariño, atención, seguridad, comprensión y escucha. Mientras crecemos y adoptamos decisiones con responsabilidad, empezamos a buscar ser aceptados por nuestra comunidad. Esto nos brinda confianza con nosotros mismos, nos hace sentir percibidos, importantes para el resto, nos autentificamos. Finalmente, de adultos, solidificamos esta identidad al buscar un lugar de pertenencia y autonomía: pertenecer a una familia, a una pareja o a una comunidad, lo que ayuda a nuestro desarrollo personal. Las decisiones propias y la confianza de expresar nuestros puntos de vista son señal de madurez.


De no nutrir nuestras necesidades, caemos en los miedos, como el miedo al fracaso, a no poder mostrarnos íntimamente, a no asumir responsabilidades, a ser rechazados o no amados… y la decepción nos consume. Por ello, suplir nuestras necesidades resulta crucial para nuestra felicidad.


El autoconocimiento


Si vamos a empezar una relación con una persona, es vital saber en qué estado están nuestras necesidades. No podemos dar lo que no tenemos. Y mucho menos esperar que nuestra pareja satisfaga las necesidades que no se suplieron en nuestro desarrollo personal. Esperar que una relación vaya a solucionar nuestros problemas es algo ilusorio. Es cierto que el amor de alguien nos llena profundamente; no obstante, si somos nosotros los que no estamos preparados para amar recíprocamente, es muy probable que la relación fracase.


Ser consciente de la nutrición de estas necesidades subyacentes nos va a ayudar a tomar decisiones apropiadas para una mejor relación con nosotros mismos, en primera instancia, y así luego, con los demás.


El no saber por qué pido algún favor, el no saber lo que necesito realmente, puede llevarnos a un abismo, a una relación tóxica y obsesiva. Pedimos cosas innecesarias, en vez de pedir expresamente un ánimo, un acompañamiento, o sencillamente que nos escuchen.


Aprender a escuchar


Es crucial ponernos en el lugar de quien tiene una necesidad que contar, y no hacer juicios de valor. Escuchar no es lo mismo que apenas oír. Oír sólo implica tomar nota de las palabras literales: no nos compromete con el asunto de la persona. En cambio, quien escucha pone toda su atención a la persona. Implica ponerse en el lugar del otro y estar abiertos a la experiencia del otro. Escuchar también involucra leer a la persona, también en su silencio, en su lenguaje corporal o en sus gestos.


Si tu cónyuge te pide un favor, no solo procures cumplirlo efectivamente: ofrécete y estate dispuesto a darle acompañamiento en la tarea, o a preguntarle si necesita algo más. Recuerda, detrás de una petición, puede haber algo más.


Otras veces podemos ponernos muy críticos con lo que nos comunican: nos volvemos como los especialistas del asunto y tratamos de resolver el problema del otro. Nos ponemos a aconsejar, cuando solo se nos pide escuchar en silencio y acompañar al otro.


Comunicación profunda


Suele pasar que las palabras no siempre expresan correctamente nuestro mundo interior. Justamente lo que necesitamos decir es lo que no transmitimos. Comunicar nuestros deseos y pedir ayuda no debería ser algo vergonzoso, si uno es consciente de su estado.


Una profunda comunicación es siempre empática —a pesar de que no compartamos el mismo punto de vista—, y no solo simpática —que concuerda con nuestras ideas—. Es compadecernos por lo que sufre el otro, pero reconociendo que la persona sólo podrá superarlo por sí misma. Hay que ser realistas respecto de que uno no debe hacerse dependiente emocionalmente del otro.


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Compartir la intimidad es un acto de entrega, y en él se toman riesgos: ¿me aceptará, me respetará? Es ser valiente, identificando los miedos que uno padece. La comunicación se trabaja por ambas personas, no solo a través de uno. Recibir la intimidad de nuestra pareja con respeto nos hace responsables de su felicidad. No se trata de depender del otro, sino de vivir en libertad responsablemente.


Esperamos que este tema les permita fortalecer la comunicación, bajo una lógica de comprensión, sensibilidad, respeto, y responsabilidad mutua. Sígannos en @angulo.amoris a través de nuestro Facebook e Instagram.


Adriana & Luis Gabriel