¿Qué hago si salgo con alguien que no es virgen?



Existen muchas razones que pueden llevar a una persona a tomar la decisión de permanecer virgen hasta el matrimonio: un anhelo que nace del corazón sin que uno tenga mucha información respecto de la castidad, una familia y una educación donde se inculco el valor tan importante y maravilloso del acto sexual, o una visión del sexo como “algo malo”, que entiende que lo puro está en guardarse hasta el matrimonio. Lo que tienen en común estas realidades es que —sin importar por qué las personas quieren preservar la virginidad hasta al matrimonio— anhelan que, cuando conozcan a alguien, también tenga la misma meta.


Es precisamente en este punto donde puede ocurrir un choque al enterarte que la persona que estás conociendo, que te gusta o con quien has comenzado a salir ya ha tenido relaciones sexuales. Aunque puede llegar a ser desconcertante y sentirte desilusionado, queremos que sepas que hay otra manera de verlo. Por eso te dejamos algunos puntos que podrían ayudarte si te encuentras en una situación como esta.


Tengan una conversación transparente y honesta


Aunque el impacto inicial puede ser duro, no te dejes llevar por los sentimientos y emociones que estás experimentando en ese momento. Tomate tú tiempo. Te ayudará a poner tus pensamientos y emociones en su sitio, para que ninguno de los dos salga lastimado. Una vez que lo hayas asimilado un poco, intenten tener una conversación.


Esta conversación es muy importante para que puedas hacerle saber lo que significa y es para ti el acto sexual y porque vives desde ya la castidad. Explícale porque apuestas por la espera. Habla sobre cómo te sentiste al enterarte y que impacto ocasionó.


Luego de que esa persona te escuche, es momento de tu escucharle. No tienes que saber por qué lo hizo, ni con quién, ni los detalles. En ese momento no estabas en su vida, y no merece darte ninguna explicación. Además, eso podría hacerte mucho daño a ti. Más bien, pregúntale por qué quiso contarte. Cuáles son sus expectativas con el noviazgo que quieren comenzar o que ya tienen. Qué piensa de la espera, y cómo ve ahora el acto sexual.


No se trata de juzgar


Recuerda que muchas personas ven el acto sexual como una intimidad que debe tenerse en el noviazgo —o incluso como algo casual—, porque crecieron con una idea errónea de su significado. A la mayoría solo se le presento una cara de la moneda, y nunca se les habló de la espera, la castidad, la virginidad o demás virtudes.


Cuando solo se nos ha dado una información y jamás se nos planteó otra alternativa, es lógico que considere —o haya considerado— el sexo como un acto pensado para cualquier etapa de la vida, incluso desde tempranas edades. Por lo que es probable que, si esa persona ha tenido relaciones sexuales en el pasado, lo hizo porque creció con la idea de que es una actitud que se puede tener con cualquier persona.


Es la oportunidad para tener una mirada de amor hacia el otro. La castidad, como es una virtud, se explica desde el amor, y no desde el juicio o miedo. Háblale con la verdad, hazle saber que la belleza y grandeza del acto sexual están reservadas para los esposos, porque implican un compromiso y una entrega total de sí mismos hacia el otro —como lo hacen las palabras que se dicen el día de la boda—. Muéstrale por qué una sexualidad mal entendida puede tener consecuencias negativas, pero haz todo esto con caridad. De nada sirve achacarle sus errores y “condenarlo al infierno” por haber tenido relaciones prematrimoniales, cuando ni siquiera sabía en ese momento que lo que hacía no lo llevaba por el camino correcto.


Dios da segundas oportunidades


Hay quienes, a pesar de tener experiencias sexuales previas, en algún momento de su vida decidieron darle otro rumbo y comenzar un nuevo camino de castidad. Es cierto que el pecado tiene sus consecuencias, eso no podemos negarlo, pero tampoco debemos ponerle límites a la misericordia de Dios. Que una persona cargue con algunos errores y fallos distintos a los tuyos no significa que merezca menos que tú.


Una persona que comienza un camino de conversión genuina e integra a su vida la virtud de la castidad puede descubrir una “segunda virginidad”, y en esta segunda virginidad encontrar el sentido verdadero del amor, de su persona y del acto sexual. Por eso, aunque haya tenido relaciones sexuales en el pasado, la espera y la entrega en el primer encuentro matrimonial serán como “una primera vez” en cierto modo, porque se vivirá dándole un sentido pleno y verdadero.


La segunda virginidad no se trata de recuperar lo que físicamente se ha perdido —porque es lógico que no puede recuperarse—, sino más bien de saber que nunca es tarde, y que no todo está perdido. La segundad virginidad es una nueva oportunidad para preparar tu corazón a esa entrega total que ahora quieres hacer con esa persona, totalmente consciente de lo que significa. Es una nueva oportunidad para decir “Sí” al amor verdadero.


¿Está dispuesto a esperar solo para complacerte, o por una verdadera convicción?


Esta es una pregunta crucial que debes hacerte. No negamos que sea un buen acto que una persona decida acompañarte en la espera solo porque tú se lo has pedido y es importante para ti. Aunque puede ser un primer paso para descubrir la virtud de la castidad, no debe quedarse allí. Las relaciones son más que buenas acciones: deben estar movidas por una verdadera convicción de hacer y querer el bien para ambos, por la búsqueda de un amor auténtico y verdadero.


Recuerda que los valores que vivan en el noviazgo serán los que cosecharán durante un matrimonio. Si esa persona vive la espera solo por complacerte, ¿crees que compartirá contigo los mismos valores en relación al sentido del acto conyugal, en la búsqueda de hijos o en la educación que quieran darles?


Si para una persona nunca fue importante esperar, y solo lo hizo porque es lo que tocaba, lo más seguro es que transmitirá los mismos valores a sus hijos.


Acompañarlo o estar no es igual a tener el deber de ayudarlo a sanar


Al igual que tú, la persona ideal para ti también tiene heridas y errores en su historia de vida. Debe tomar la decisión de comenzar de nuevo, porque la castidad no se obliga ni se exige, sino que es una decisión libre y personal. Tampoco tienes la obligación de ayudarlo a sanar en caso de que reconozca que sus anteriores relaciones o los motivos que lo llevaron a eso hayan dejados secuelas en él.


El acompañamiento es una actitud bondadosa que puede hacer mucho bien, pero a veces se corre el riesgo de querer convertirse en una especie de vigilante o niñera espiritual para el otro; hay que saber guardar ciertos límites y permitirle al otro sanar sin que se sienta presionado.


Toma una decisión


Si te has mantenido en la espera, es lógico que te esperes que la otra persona también sea virgen y que, en caso de llegar a un matrimonio, ambos puedan vivir ese momento como una primera vez. Es totalmente valido que en tu discernimiento exista la posibilidad de no querer una relación de noviazgo con alguien que ya tuvo relaciones sexuales; y eso no es falta de compasión o misericordia.


La conversión de una persona sin duda es causa de una alegría enorme, pero eso no significa que tengas algún tipo de obligación. El único deber que tienes con esa persona es el de acogerla y amarla como tu prójimo. Así que no te sientas mal si es que libremente prefieres formar una relación con alguien que se haya estado guardando para el matrimonio al igual que tú.


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Si decides continuar con la relación, lo importante es que ambos miren en la misma dirección y que la persona esté dispuesta a comenzar de nuevo. No será un camino fácil, vendrán tropiezos. Trabajar las virtudes para ser quienes estamos llamados a ser requiere de mucho esfuerzo, constancia y la gracia de Dios. Pero también es importante que ambos se levanten, se conozcan, se formen y sigan descubriendo lo hermoso de vivir este camino de espera. Nada de reprocharse, porque aprendiendo es como se llega a la meta.


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