¿Por qué una mujer elige hacer pornografía?



Por: Harmony (Dust) Grillo*


La realidad es que, cuando se trata de “tomar la decisión” de entrar en la industria del sexo comercial, la cuestión de la elección no es tan simple como podría parecer. Este artículo fue escrito por una sobreviviente de explotación sexual, fundadora de una organización sin fines de lucro que ayuda a las mujeres a dejar por completo la industria del sexo.


¿Es su decisión?


Cuando se trata de quienes se dedican a la pornografía, o de quienes trabajan en cualquier otra área de la industria del sexo comercial en general, hay una creencia común de que llegaron allí y decidieron quedarse únicamente por elección.


La mentalidad de que cada actor o actriz es simplemente una persona con edad para dar consentimiento sexual, la idea de que “sabía en lo que se estaba metiendo”, crea barreras que nos impiden ver la complejidad de las dinámicas que llevan a algunos a la pornografía u otras áreas de la industria. Desde este punto de vista, es más fácil no tener empatía —e incluso peor: es más fácil juzgar—. Quienes oyen hablar de las atrocidades que sufren una mujer o un hombre en las experiencias pornográficas pueden tener la opinión de que “fue su decisión, es su culpa”. Pero, ¿es esta una forma acertada de ver las cosas? La verdad es que no todos los que se dedican a la pornografía están ahí por elección.


Como sobreviviente de la explotación sexual, y alguien que ha pasado las últimas dos décadas ayudando a mujeres a salir y recuperarse de la industria del sexo comercial, lo he visto con mis propios ojos. He conocido personalmente a mujeres que ingresaron al mundo de la pornografía siendo menores de edad, lo cual, según la legislación federal, es considerado tráfico sexual. También he conocido incontables mujeres que fueron obligadas y coaccionadas por proxenetas y traficantes a entrar en la industria.


Pero, por el bien de esta conversación, dejaremos de lado la problemática del tráfico, y nos centraremos en aquellas que dirían que eligieron, voluntaria y libremente, dedicarse a la pornografía. Aunque este artículo hace foco específicamente en mujeres, ya que son afectadas de manera desproporcionada, ten en cuenta que los hombres también pueden volverse vulnerables ante algunos de los temas de los que voy a hablar.


Cuando una decisión no se toma realmente con libertad


Debajo de la “decisión”, en general encontramos una interacción entre la vulnerabilidad individual y factores ambientales. A veces nos referimos a ellos como “factores de empuje” y “factores de atracción”, respectivamente.


Por un lado, tenemos las particularidades de un individuo que pueden hacerlo más propenso a elegir trabajar en la industria del sexo comercial. Hay mucha evidencia de que las mujeres que están en esta industria, incluidas aquellas que se dedican a la pornografía, tienen niveles más altos de pobreza, problemas de adicción, depresión y trastorno de estrés postraumático, y es más probable que hayan estado en el sistema de acogimiento familiar en comparación con la población general.


Una de las vulnerabilidades más llamativas que comparte la gran mayoría de las mujeres en este ámbito es haber sufrido un abuso sexual durante la infancia. Esto no es coincidencia. De alguna manera, en mi experiencia, sentía que tener una historia de abuso sexual y violación me preparó para la industria del sexo, ya que ser sexualizada y cosificada resultaba normal, y por eso, constituía algo conocido para mí. En esta industria, ser un objeto sexual es un requisito laboral.


Para quienes conocemos la sensación de extrema impotencia e incapacidad que resulta de un abuso sexual y una violación, la industria del sexo nos ofrece una falsa promesa de empoderamiento, una oportunidad que parece que nos devolverá el control de nuestra sexualidad para usarla a nuestro favor, ¿cierto? Desde mi experiencia personal, no pasó mucho tiempo hasta que ese falso sentido de empoderamiento desapareció y me encontré con la realidad de que quien tiene el poder es quien tiene el dinero, no yo.


Entonces, por un lado, están estos factores que contribuyen con el nivel de vulnerabilidad de una persona, y, por otro lado, están los factores ambientales que impactan en la decisión de una persona para entrar en la pornografía.


¿Decir “sí” es una libre elección, si no es posible decir “no”?


Cuando pones a una mujer vulnerable en el contexto de una cultura que normaliza la cosificación y sexualización de las mujeres, una cultura en la cual hay una gran demanda para que trabaje en pornografía (con sitios que tienen más tráfico que Netflix, Amazon y Twitter combinados), es más fácil ver cómo esta mujer se vuelve más propensa a “elegir” trabajar en pornografía.


La dolorosa realidad es que, de acuerdo con un estudio realizado en nueve países, el 89% de las mujeres en la industria del sexo quieren dejarla, pero no encuentran otra opción viable para sobrevivir. Un estudio posterior interrogó a mujeres strippers, que trabajan en burdeles o se dedican a la prostitución callejera, y no se encontró diferencia en la cantidad que quieren dejar ese mundo (89%). Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué es la elección, si no hay opciones? ¿Decir “sí” sigue siendo realmente una elección libre, si decir “no” no es una opción válida?


También tenemos un 11% de mujeres que podrían decir “estoy aquí porque lo elegí, y me quiero quedar”. Incluso para ese pequeño porcentaje, el hecho de que quieran trabajar en pornografía no las protege de las situaciones cotidianas extremadamente precarias e incluso amenazantes en las que son coaccionadas, y en ocasiones forzadas, a realizar actos fuera de sus límites.


Incluso en la pornografía convencional hay una increíble muestra de violencia contra las mujeres. En un análisis del contenido de las 50 películas pornográficas más vendidas, el 88% mostraba agresión física contra ellas, principalmente amordazamiento y cachetadas. La demanda de este tipo de contenido hace que las mujeres —incluso aquellas que están ahí por elección— sean forzadas y explotadas para poder cubrirla.


Cómo se ve la coerción, incluso para quienes lo eligen


Esto es lo que a menudo escuchamos de las mujeres a las que ayudamos en mi organización, mujeres que han sido parte de la industria de la pornografía. Estas situaciones de explotación y coerción resultan comunes en este sector, muchos artistas pueden no saber cómo estar precavidos y reconocerlos como explotación:


Enganche y engaño