¿Me ama por mi alma, o por mi cuerpo?



Cuando, para hacerse el romántico, tu ex te dijo que se había enamorado de tu alma y no de tu cuerpo, no sólo mentía, ¡sino que estaba tremendamente equivocado!


Probablemente, si le preguntas a tu pareja si ama más tu cuerpo o tu alma, recibas como respuesta la segunda: nadie quiere quedar como un materialista y cosificador. Pero, en verdad, esta falsa oposición entre cuerpo y alma nos puede hacer caer en algunos errores.

#1 Pensar que la atracción física es mala


A los hombres le gustan las mujeres, y a las mujeres le gustan los hombres. Avergonzarte de una atracción natural y saludable puede complicar la relación con el sexo opuesto y hacerte sentir que vivir la castidad es tener que reprimirse a cada momento. En el matrimonio, estas ideas son dañinas, pues convierten la sexualidad en un tabú y lesionan la comunicación de la pareja.


#2 “Enamorarse” de internet


Lo que parecía ser sólo material de películas pasa cada vez más al entablar relaciones virtuales no saludables: uno llega a pensar que puede enamorarse de alguien sin nunca interactuar en la vida real. Si no valoramos la dimensión física en su justa medida, terminaremos por sobredimensionar la dimensión psicológica-espiritual, y buscaremos conexiones afectivas sólo mediante pantallas. Hace unos años, un ingeniero chino “se casó” con una robot que construyó, y con la cual se comunica a través de su inteligencia artificial. Ya no es solo ciencia ficción.


#3 Desvincular el ser del cuerpo


Tristemente, hoy vemos cada vez más casos de falta de identificación con el sexo biológico con el que uno nace. Esto no sólo es promovido agresivamente por los medios de comunicación, sino que encuentra terreno fértil en la falsa idea de que yo soy más mi alma (un alma “que puede fluir”) que mi cuerpo. Esta falta de identificación genera daños irreversibles cuando se intenta modificar la biología por medio de fármacos y procedimientos quirúrgicos.


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Recordemos: para poder amar a alguien primero hay que aprender a amarnos a nosotros mismos. Y hay que amarnos por lo que somos: una unidad indivisible de cuerpo y alma.


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