Literatura pornográfica femenina



Hoy tocamos un tema que nos afecta especialmente a nosotras más que a ellos. Los varones son más llamativos en lo que se refiere al sexo. Pongamos un ejemplo: la infidelidad de un varón va, casi siempre, unida a una relación sexual. La mujer puede ser infiel a su marido sin sexo, y producirle el mismo nexo de unión con la otra persona. E incluso puede tener varios “amantes” sin tener que acostarse con ellos, y puede que esos “amantes” ni sepan el efecto que producen en ella. Tener amores platónicos rompen el matrimonio igual que una infidelidad sexual. La entrega del corazón o la entrega del cuerpo es ser infiel al otro. Pero parece que lo del varón es peor, por ser más explícito.


Una aclaración, antes de empezar: el erotismo es muy bueno, y no es ni sucio ni morboso. El erotismo en el matrimonio es muy recomendable para unas buenas relaciones sexuales. Pero hay gente empeñada en ensuciar y pudrir todo lo bello del sexo en el matrimonio, como es el erotismo. Y llaman erotismo a lo que es sucia pornografía. Hoy en día erotismo, para mucha gente, es igual a sexo descontrolado. Lo mismo pasa con la palabra sexo, a la que han ensuciado.


Pero vayamos al tema de hoy. En el caso de la pornografía para nosotras, la hay de dos tipos. Una que es más sofisticada, y va envuelta en un halo de cultura (ya que va en formato de libro); la otra consiste ver directamente pornografía. Nos vamos a centrar en la primera, por ser la más sutil.


Literatura romántico-erótica


¡Cuántas chicas llevan un libro creyendo que llevan cultura! Hoy en día cualquier libro que se precie tiene sus páginas romántico-eróticas (erótico no es pornográfico). Pero si nos vamos a la literatura romántica, ahí se dispara. Ya de por sí el romanticismo pone blanditas a las chicas y también a las mujeres casadas, y pueden soñar con una relación idílica, como la de la novela. En nuestra opinión, hay que saber qué libros románticos leemos (o en su caso, cuáles leen nuestras hijas).


Estos libros, sin ser perjudiciales (ya que solo hay besos, deseos, amores incomprendidos, etc.), sí pueden constituir para muchas chicas la puerta al siguiente eslabón, que son libros romántico-eróticos que, aunque no llegan a resultar erótico-pornográficos puro y duros, contienen descripciones que ya son más explícitas y que ocupan buena parte del libro (esto, a pesar de que no haya relaciones masoquistas o múltiples, ni vejaciones sexuales). Pero ya son descripciones sexuales descontroladas, que empiezan a gustar a esas chicas o mujeres, y las enganchan. Ellas piensan, en muchos casos, que, al ser un libro, y al no tener la marca de erótico, no se trata de algo malo.


Libros pornográficos


Después de estar leyendo un tiempo estos libros subidos de tono, por decirlo suavemente, las lectoras terminan por llegar a los mal llamados libros eróticos. En realidad, hablamos de libros pornográficos, y conducen a estas chicas o mujeres a otro nivel de excitación y de violencia sexual.


Hay montones de libros pornográficos para mujeres; el más famoso es sin duda Cincuenta sombras de Grey. Resulta asombroso cómo se habla de este libro con naturalidad, y en cambio, la pornografía que consumen los varones está mal vista entre nosotras. En un grupo de parejas, una de nosotras puede decir que le ha gustado Cincuenta sombras de Grey sin ponerse colorada (yo no lo he leído, ni lo pienso hacer), y en cambio, si nuestra pareja dice que ve pornografía, no será aceptado.


El daño que provocan estas lecturas es sobre la sensibilidad, la delicadeza, el pudor y otras virtudes que adornan a la persona (varones y mujeres), que son devoradas sin piedad. Un libro puede ser peor que las imágenes, ya que estas son explícitas y muestran una acción concreta; pero el libro da libertad a quien lo lee para poner la coreografía y agresividad que le resulten soportables. En cambio, las imágenes pueden ser tan agresivas que produzcan un rechazo, y no se las vuelva a ver.


Cuidemos nuestra sensibilidad


Estamos demasiado acostumbrados a leer libros y decir “está muy bien; ya sabes, algunas páginas un poco subiditas…”. Y, en vez de cuidar nuestra sensibilidad, las leemos con toda paz. Hay que ser responsables de lo que leemos y recomendamos. Sabemos que decir esto escandaliza, pero ser coherentes nos dará paz y tranquilidad mental, aunque nos genere, a veces, alguna incomprensión.


Lo cierto es que la curiosidad y la morbosidad no tiene límites, por lo cual puede ser que, cuando queramos darnos cuenta, estemos leyendo libros pornográficos (mal llamados eróticos). Debemos cuidar nuestra intimidad también en lo que leemos. No se debe leer todo lo que cae en nuestras manos, así como no se debe ver todo lo que sale por Google.


Recuerda: la pornografía puede enganchar a las mujeres, si no tienen cuidado. Se engancha tanto una niña como una mujer. Y los pasos son, en nuestra opinión, los siguientes: primero, leyendo libros románticos con escenas sexuales que no hacen falta para un buen romanticismo; segundo, empezando a leer libros romántico-eróticos, con las partes eróticas más extensas y explícitas; en tercer lugar, se pasa a los mal llamados libros eróticos, que en realidad son pornográficos. El cuarto paso sería la pornografía visual.


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