La “sexualidad católica” está equivocada



La “sexualidad católica” es un error, porque no existe. Nos explicamos. Algunas veces, vemos anuncios de este tipo: “Sexualidad para católicos”. Ahora bien, ¿de verdad hay una sexualidad propia para católicos?


Derribando un mito


La verdad es que no. Nos encontramos con personas que dicen “Como soy católico, esto no me está permitido”: parece que, si no fueran católicos, vivirían su sexualidad de otra manera.


En nuestra opinión, hablar de “sexualidad para católicos” es una gran equivocación, y lleva a conclusiones muy erróneas. Es cómodo refugiarse en el Señor y ponerlo de “parapeto”, y que nos permita no cavilar acerca de la razón de nuestra forma de actuar. Es más fácil, ante determinada pregunta, contestar “Lo dice la Iglesia”. ¿Cuál es la razón por la que la Iglesia dice eso? Esa es la cuestión a reflexionar.


Con mirada divina


En nuestro libro Sexo para inconformistas hacemos el ejercicio de explicar la sexualidad humana sin poner a Dios de “defensa”. Dios quiere ⎯eso pensamos nosotros⎯ que:


  • Hablemos a la humanidad entera, no solo a los católicos. Tenemos que ser universales: es lo que significa católico, llegar a creyentes y no creyentes.


  • Atendamos a lo que Él nos dice que está bien y mal para el ser humano. Nosotros solamente tenemos que buscar una explicación de todo esto.


  • Disfrutemos de nuestra sexualidad. Para disfrutar de nuestra sexualidad, tenemos que conocerla y aceptarla. Disfrutar de nuestra sexualidad no es practicar sexo: es sentirse a gusto con nuestro cuerpo y con nuestra manera de sentir. No despreciar ni envidiar al otro sexo, y ver en él un complemento en vez de un enemigo.

Dar razones profundas del accionar propio


Debemos formarnos bien, y pensar el porqué de las cosas. Ahora bien, “Lo manda la Santa Madre la Iglesia” no sirve: Dios quiere que tengamos “don de lenguas” para todo el mundo. Es como aquel de la parábola que escondió la moneda y no negoció con ella. En nuestra opinión, si los católicos nos cerramos en nosotros mismos y formamos guetos católicos, nos estaremos equivocamos.


Dios nos ha dicho cómo se vive bien la sexualidad, y nosotros decidimos si queremos o no vivirla así. El Señor propone: no obliga. La experiencia nos dice que, si la vivimos así, somos más libres y felices.


Reflexiona por qué haces las cosas, para explicarlo a todo el mundo y a ti mismo. Nosotros creemos que reducirlo a “Dios lo ha prohibido”, en los tiempos que vivimos, resulta tan cómodo como inútil.


Vivimos una época muy interesante, en la que o sabemos dar razones de nuestra forma de actuar, o la propaganda antirreligiosa nos arrinconará. Refugiarnos en la parroquia, en la asociación religiosa, en el club católico como recurso para aislarnos de la realidad es, eso pensamos, un error inútil. Porque nosotros, queramos o no, somos parte de esa realidad.


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Los católicos tenemos mucho que decir en el tema de la sexualidad. Hay que dar luz, ser farolas, donde la gente vaya a buscar claridad para su oscuridad y dudas. Es una misión de todos los católicos.


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