La fórmula infalible para saber si es la persona indicada



Si hay algo que el ser humano busca, eso es sentirse amado. El mismo san Juan Pablo II lo expresó: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (Carta encíclica Redemptor hominis, nro. 10).


Buscamos amar y ser amados, porque ya alguien nos amó primero, y ese alguien es Dios. Queremos responder a ese amor a través de la vocación. Por eso es válido que un joven se pregunte si esa persona que acaba de conocer o con la que lleva un camino de noviazgo es la indicada para vivir a plenitud ese llamado al matrimonio.


Los tipos de compatibilidad


En una época, nosotros también nos hicimos esta pregunta, sobre todo cuando empezamos a experimentar las primeras crisis –sí, las primeras: nunca deja de haber crisis–, que comenzaron aparecer en ausencia de la emoción, la pasión y la euforia de los primeros meses de novios. Este interrogante arrastra otros consigo: ¿realmente será esta la persona?, ¿y si hay alguien mejor?, ¿más guapo?, ¿menos dramática?


En su momento, la respuesta que nos ayudó a discernir —o, al menos, eso creíamos que había sido— fue la compatibilidad. Hace unos años, una psicóloga católica compartió los tipos de compatibilidad, y cómo estos pueden ayudar a la pareja a entenderse. Nos cayó como anillo al dedo, porque no la estábamos pasando bien en ese momento, y creímos que era la fórmula. Te dejamos un resumen:


  • Compatibilidad física: atracción mutua.

  • Compatibilidad espiritual: tener la misma fe.

  • Compatibilidad en proyecto de vida: misma visión del matrimonio, trabajo, dinero, hijos, etcétera.

  • Compatibilidad emocional: estar en la misma página sobre sus sentimientos.


Al momento de elegir a una persona como compañero de vida, no se debe tratar de hacer una checklist y evaluarla de pies a cabeza como si fuera un producto: “Mmm cumples con esto… Mmm, con esto otro, no” y a continuación —como diría Ariana Grande— “thank you, next”.


La compatibilidad no es el punto de partida


Ahora creemos que los tipos de compatibilidad no deben ser el punto de partida para saber si es la persona indicada, porque la realidad es que nunca serás 100 % compatible con el otro: es totalmente imposible ser iguales en todo. Incluso, siendo iguales en lo que ustedes consideren importante en su vida, como lo espiritual y proyecto de vida –lo cual es algo muy bueno–, eso no resulta suficiente para garantizar el “para siempre”.


Un ejemplo de esto sería: “si pensamos igual en muchas cosas, ¿por qué no funciona?”. Simple: porque hay que hacerlo funcionar, y ese es el punto clave. Lo que realmente garantiza un noviazgo y un matrimonio sanos y fructíferos es que ambos estén dispuestos a construir su historia de amor de bloque en bloque. Esta es la fórmula infalible para saber si es la persona indicada para ti: el amor verdadero no se encuentra, se construye.


El amor verdadero no se encuentra, se construye


El noviazgo está para conocerse y tener grandes conversaciones sobre la vida, y esto lo debes aprovechar al máximo, porque tendrás la oportunidad de elegir: elegir al otro como compañero de vida, o elegir terminar el noviazgo. Porque amar a alguien y estar con esa persona es una decisión, un acto de voluntad libre, una elección diaria.


Si ambos —a pesar de sus semejanzas y diferencias como hombre y mujer, de sus gustos, de su crianza, de la manera en la que ven la vida— se eligen y están dispuestos a crecer, madurar, aprender juntos, perdonarse y levantarse, entonces es una persona buena para ti. ¿Por qué? Porque ambos están dispuestos a construir.


Entre tantas personas, la estás eligiendo, con sus virtudes y defectos. Y aquí tiene todo el sentido del mundo lo que conforma nuestro ser persona y nos diferencia de los animales: la sexualidad humana está guiada por inteligencia, razón, voluntad y decisión, mientras que la sexualidad animal está guiada por el determinismo. El ser humano experimenta el amor. Esto es lo que lo mueve, y también es consiente del bien y del mal. El animal sólo se mueve por instinto.


Como dirían Alberto y Trini, de @lonuestro.info, en su libro Sexo para inconformistas: “la realidad, nos guste o no, es que nos casamos con la persona que, debido a nuestras buenas o malas decisiones, hemos elegido […]. Hay que explicar que nuestros padres se casaron porque quisieron. Pero podían haberse enamorado de 1000 personas diferentes y ser también felices. Es que, si les contamos que «solo tu padre/madre me podía hacer feliz» nos metemos en un determinismo muy peligroso”.


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Para eso, nuestro consejo final, muy importante, es que recuerdes que, para cualquier toma de decisión, es importante conocerse así mismo: ¿quién eres?, ¿a qué te sientes llamado?, ¿qué expectativas tienes de una relación?, ¿cómo te has sentido contigo mismo en los últimos meses? Estas y otras simples interrogantes son las que, en un momento de silencio, podrás responderte, y así valorar el tiempo contigo mismo.


Conocerse no es algo que pase de la noche a la mañana, porque cada día es un nuevo aprendizaje y un descubrirse. Pero dar el paso es clave. De esa manera podrás reconocer todo aquello que dañe tu dignidad como persona: insultos, relaciones pasajeras, violencia, manipulación, uso, obsesión… Todo esto es lo que debe convertirse para ti en los famosos “no negociables”. En cambio, todo aquello que sea un bien para ti y para la relación —y, por supuesto, para la otra persona— es lo que debe ser negociable. La voluntad de Dios se hace presente en todo lo que es bueno.


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