La estigmatización de la Castidad



Vivimos en una sociedad en la que el sexo ocupa un lugar sobrevalorado, tanto que se lo asocia a casi todas las dimensiones de la vida e, incluso, se lo ha llegado a considerar una realización personal entre los jóvenes. El verdadero concepto y finalidad del sexo fue tergiversado y se quiere hacer creer que sin él no es posible el romance, la pasión y, sobre todo, ser una persona genial.


¿Pero es el sexo el centro de toda relación humana? ¿Es el sexo en sí una virtud? ¿El sexo nos define y nos limita? La respuesta es ¡definitivamente no!


En el artículo de hoy me gustaría reflexionar sobre esta cuestión que se convirtió en el tabú de los últimos tiempos: la estigmatización de la castidad.


1. La estigmatización de la virginidad no define tu persona


“Virgo”, “virgacho”, “Máximo Virgolini”, etc. son algunas de las calificaciones de moda entre los jóvenes como si ser virgen fuera un motivo de burla o de vergüenza. Pero ¿esto es así? La realidad es que vivimos en una sociedad hipersexualizada, en la que el sexo está hasta en la sopa y en la que se impulsa a los jóvenes a tener relaciones sexuales cada vez a más temprana edad, casi como una imposición social.


Pensémoslo de esta forma: encendemos la televisión para mirar una película, nos parece un buen plan y buscamos sentirnos identificados con algún personaje. Sin embargo, antes de lo que canta un gallo, una escena de sexo aparece en la pantalla. En especial, escenas de sexo protagonizadas por adolescentes: grupos de amigos que se van de vacaciones, que son compañeros de escuela, que van a una fiesta; siempre terminan en una escena sexual o en alguna borrachera.


¿Cuándo lo naturalizamos tanto que hasta nos resulta extraño cuando eso no ocurre? El amor, la pasión y el romance tienen formas reales de expresar su esencia, pero no es algo que le importe a la industria actual: las flores, los atardeceres y las escenas bajo la lluvia ya no están tan de moda y lo cursi no es “cool”; son escenas consideradas irreales, pues ¿esas cosas siguen existiendo en esta sociedad? Sí, hay otro menú mejor para elegir, el tema es que muchos no están dispuestos a leer la carta y se quedan con el platillo básico.


Pero esto no es algo que sólo ocurre en la televisión, está presente en todos los ámbitos. ¿Se pusieron a pensar si muchos jóvenes tienen sexo sólo porque temen a no ser aceptados o por presión social? Yo sí y también sé la respuesta, pues me pasó. Se me hizo creer que el sexo significa una realización personal.


Tener sexo es tarea fácil, pero ir contra esa hipersexualización animándose a conservar la virginidad, pese a todos los estigmas, no sólo es difícil, sino también un acto de valentía al que no se anima cualquiera. Definitivamente, lejos de ser una ofensa, conservar la virginidad hasta el momento adecuado es una virtud.


2. No ser virgen no te determina como persona


También existe la falsa concepción de que las personas que no son vírgenes no pueden ser castas. Por ello, considero pertinente la aclaración de tal distinción: virginidad y castidad no son la misma historia, pese a que estén vinculadas. La castidad es la virtud de conducir el placer hacia el amor, es un estilo de vida al que todos pueden adherir sin importar lo que hayan hecho en su pasado, pues la gente cambia. Incluso si están casados, siendo que los matrimonios deben ser castos para darse en absoluta libertad y respeto mutuo. Es esta la base del amor verdadero porque nos enseña a amar.


¿Por qué la castidad nos enseña a amar? La respuesta es muy sencilla: nadie puede dar lo que no tiene y la castidad nos enseña, principalmente, a reconciliarnos con nosotros mismos, aceptarnos y amarnos tal cual somos. Ese amor propio nos conduce a respetar nuestros cuerpos y a cuidar nuestro corazón. Es importante saberlo porque así podemos darle lo mejor de nosotros al otro.


Entonces, para ser casto no hace falta haberlo sido siempre. Hay que proponérselo y esa propuesta es una invitación a cambiar y mejorar. Todos tenemos la oportunidad y nadie es menos por su pasado. Renunciar a esos estigmas que nos atan nos permite construir un mejor futuro sin presiones sociales.


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La castidad, como toda virtud, debe ser entrenada y parte de ese entrenamiento es tener en claro que dichos estigmas y prejuicios no nos definen como personas. Por ello, con este artículo, te invito a cultivar esta virtud para cosechar un amor que jamás se marchitará.


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