La búsqueda de la perfección en el Matrimonio



Hace algo de tiempo que me dedico a hablar del noviazgo, el matrimonio, la castidad y el amor en general. Conocí la teología del cuerpo hace unos seis años. Y, en ese momento, para mí sólo era alguna cosa extraña que seguro rayaba en la herejía (sí, mi yo de aquel entonces amaba anatemizar todo).


Sin embargo, terminó cautivando mi corazón. Y por esa razón comencé a compartirla con quienes pude (resultó que no era herejía).


Angustiados por la perfección


Durante ese tiempo, y al realizar esa actividad, he descubierto que necesito vivir con los ojos puestos en dos lugares: en mi corazón (para interiorizar lo que aprendo y enseño) y en el corazón de los demás (para saber cómo adecuar el mensaje a cada corazón, y comprender sus necesidades).


Si algo he visto en los últimos años, ha sido una angustia tremenda por conseguir el noviazgo perfecto, para lograr un matrimonio perfecto y entonces ¡boom…! La plena felicidad estará ahí, ese pedacito de cielo.


Llegan a mis mensajes directos, a mi correo e incluso a mi consultorio muchas personas que se frustran terriblemente porque sus noviazgos no están siendo tan perfectos como quisieran, por lo que —seguro piensan— el matrimonio tampoco lo será. O bien, otros plantean que quizá la persona especial aún no aparece por lo que… ¿qué pasará con ese matrimonio perfecto que anhelan vivir?


Y ojo, no digo esto en son de burla (debo aclarar esto pues, el tono de voz, mis gestos y demás no podrán notarse por medio del texto): al contrario, yo mismo me he descubierto en ese mismo lugar.