Infertilidad y adopción



No lograr concebir naturalmente pone a la pareja frente a un campo desconocido. En una cultura en la que un embarazo fuera de los planes es prácticamente lo peor que le puede pasar a alguien y en la que la fertilidad es vista como una enfermedad, ¿quién piensa en la infertilidad?


Uno escucha cuentos y le asalta la pregunta: ¿podré tener hijos…?, ¿y si no puedo…? Imagina escenarios, conversaciones, posibilidades en la cabeza. Y no son pocos los que abren la adopción como posible solución al conflicto de no poder concebir.


La adopción es el encuentro entre dos realidades marcadas por una herida: por un lado, el hijo que no tiene un hogar; por el otro, la incapacidad de concebir naturalmente. Cuando estos escenarios no son mentales, sino la realidad que toca vivir, es importante hacer algunas aclaraciones.


En qué consiste la infertilidad


La infertilidad es la incapacidad de lograr un embarazo naturalmente. La ginecología tradicional la define en un tiempo de doce meses, y en caso de que los pacientes sean jóvenes, puede incluso pedir hasta veinticuatro meses. Para Naprotecnología, que es una ciencia médica que trabaja de manera colaborativa con el ciclo de la mujer, con seis meses se puede comenzar a buscar la causa de la infertilidad.


Este punto resulta central para entender el problema: la infertilidad no es una enfermedad, es un síntoma. La medicina debe buscar un diagnóstico a la infertilidad, sea factor masculino, femenino, o un factor combinado. La infertilidad en sí misma no se puede tratar. El tratamiento comienza buscando la causa, es decir, buscando un diagnóstico que permita un adecuado tratamiento.


Cuando comienzan estos caminos, no faltan voces ajenas y propias que comienzan a sugerir la adopción como camino. Muchas veces, con muy buena intención. Pero vale la pena señalar el punto siguiente.


La adopción no cura la infertilidad