¿Estoy listo para tener una relación?



El deseo de amar y ser amados está inscrito en nuestro ser desde el principio, y nos acompaña durante toda nuestra vida. En la medida en que amamos y nos sabemos verdaderamente amados. podemos realizarnos plenamente en nuestra humanidad, ya que la vocación principal del ser humano es el amor. Sin embargo, lo primero que debemos comprender es que el amor no puede comprenderse exclusivamente en los términos de las relaciones amorosas de pareja.


La absolutización de los gestos externos


Por muchos años, a través de historias famosas, libros clásicos, películas y series taquilleras, y demás representaciones mediáticas, se nos ha vendido una idea del amor reducido a sus signos más externos: una relación de ensueños, besos, abrazos, caricias, pasión, locura, detalles, regalos… Todas estas cosas son manifestaciones o signos externos del amor, pero el amor no se reduce solo a eso.


Por ello, confundir el amor verdadero con los signos externos del amor romántico conlleva un grave peligro, porque nos puede llevar a amar de una forma inadecuada o a conformarnos con situaciones que parecen amor, pero no lo son realmente. El amor es donación total por el bien del ser amado: es una decisión que va mucho más allá del sentimiento, del romanticismo o de la singularidad de una sola persona.

¿Te amo o te necesito?


No pretendemos desconocer que este deseo de amor puede vivirse en la vocación particular al matrimonio, y que, para aquellos que se reconocen llamados a vivir esta vocación, es importante hacer un alto para preguntarse: ¿quiero amar, o estoy usando el amor como excusa para llenar un vacío personal?


Amar implica siempre que me entrego al otro por su Bien eterno, y que siempre lo acojo como un fin en sí mismo, y nunca como un medio. Cuando —debido a nuestras propias heridas y al bombardeo mediático al que estamos sometidos respecto al mito del amor romántico y sus gestos externos— empezamos a idealizar y a romantizar el amor de pareja, eso tiene consecuencias negativas. De hecho, llegamos hasta el punto de sentimos incapaces de amar, o indignos de ser amados, si no tenemos una pareja, si estamos solteros, si nuestras relaciones fracasan o si nuestra relación no cumple nuestras expectativas.


Pero no somos amados por tener o no una pareja, y tu capacidad de amar no depende de estar o no en una relación. Cuando ansiamos entrar o permanecer en una relación porque nos sentimos solos, porque no nos sentimos amados, o porque pensamos que solo cuando vivamos la idílica historia romántica podremos experimentar el amor, entonces no estamos deseando amar a alguien como un fin en sí mismo. Por el contrario, lo convertimos en medios que satisfacen nuestros deseos o llenan nuestros vacíos.


El amor que buscas ya se te ha dado


La realidad es que nuestro deseo irrenunciable de amor infinito solo puede ser llenado y saciado por el amor infinito de Dios infinito. Eso significa que ese amor que anhela nuestro corazón no es algo que debamos esperar de alguien: es algo que ya nos ha sido dado, y que se renueva en cada instante de nuestra vida: ¡ya somos amados hoy!


Y nuestra felicidad depende de que aceptemos el llamado diario a amar, aun cuando no estemos en una relación o aun cuando nuestra vocación particular no sea la del matrimonio. El amor es más grande y profundo que cualquier relación amorosa.


¿Esto significa que debemos renunciar al deseo del amor humano? Por supuesto que no. El amor de pareja es un signo hermoso del amor divino, y es perfectamente natural que deseemos experimentarlo y soñemos con construir una relación que nos ayude a crecer como personas y a ser un verdadero don. Sin embargo, más que el deseo de estar en una relación, deberíamos preguntarnos si estamos listos o no para entrar en una relación, y si estamos dispuestos a trabajar en nosotros mismos antes de hacerlo.


Algunos criterios de discernimiento


Las situaciones de vida y las circunstancias de cada persona son únicos, por eso no podemos pretender abarcar todos los escenarios posibles. Pero al comprender estas claves sobre el verdadero amor, y los mitos que rodean las relaciones, quiero proponerte algunos criterios para saber si estás realmente listo o no para entrar en una relación.


  • Si en tu vida tiendes a encerrarse en ti mismo, a vivir para ti y a buscar tu propio interés a expensas de los demás.

  • Si tu idea del amor se ha visto seriamente impactada por los modelos del amor romántico y sus gestos exteriores, o de un “amor” utilitarista (consumo de pornografía y la banalización del sexo y de la dignidad de los demás).

  • Cuando en tus relaciones interpersonales tiendes a buscar el provecho o el beneficio que los demás te dan, y así conservas o no amistades.

  • Cuando sientes que vales como mujer o como hombre en la medida en que eres deseado, y buscas satisfacer esta carencia en una relación amorosa.

  • Cuando en tus pasadas relaciones has generado vínculos de dependencia emocional, en donde sientes que “te mueres sin él/ella”.

  • Cuando ya estás en una relación afectiva con otra persona, pero estas buscando encontrar en alguien más lo que no encuentras en tu relación.

  • Cuando piensas que tu soledad y tristeza se acabarán el día que conozcas a tu pareja ideal y experimentes ese amor romántico.


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Si algunas de las situaciones descriptas arriba se dan en tu vida, ello no significa que estés incapacitado para amar, pero son signos concretos de que, antes de buscar entrar en una relación, sería más sano y provechoso para ti hacer un alto, trabajar en tu proyecto de vida, en tu idea del amor y en desarrollar tu capacidad diaria de donarte a otros y no vivir para ti. Solo en esta medida podrás ponerte en camino para donarte en una relación particular.


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