Estamos saliendo… y ahora, ¿qué?



¿Llevas mucho tiempo soltero y tienes miedo de entregarte nuevamente a nivel emocional? ¿Acabas de salir de una relación, pero te gusta alguien más? ¿Sientes que estás muy herido como para volver a amar? ¿Tienes miedo de que no funcione, pero también tienes miedo de que sí?


Hay muchas cosas que solemos preguntarnos cuando alguien nos atrae para poder dar el paso a conocerlo más a fondo, claro. Pero, cuando ya estamos saliendo, también hay todo un proceso de discernimiento, para descubrir si es factible seguir conociéndonos dentro de un noviazgo.



El principio de la atracción


Llueve, truena y relampaguea; afuera, el cielo se cae. Pero dentro de ti hay primavera. Piensas en esa persona y sonríes automáticamente, la miras a los ojos y sus miradas brillan en el ambiente como rayos de sol. Ni siquiera te dan ganas de comer, pues tu estómago está lleno de mariposas, y el deseo de verse aumenta con cada segundo, tanto que quisieras adelantar el tiempo, y luego ponerlo en cámara lenta cuando se están viendo.


Aunque vale la pena tomarse el tiempo de disfrutar cada momento, ¿no? El capítulo 3 del Eclesiastés nos habla a grandes rasgos sobre esto: “En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre” (Ecl 3,1). Así que el primer consejo es que vayas con calma y disfrutes el principio de esa atracción, viviendo cada instante con la emoción del momento. Incluso cuando se extrañen y estén lejos.



Empezar a salir


Acá empieza un discernimiento más profundo. A medida que vas conociendo a la persona que te atrae, procura saber de dónde viene, para dónde va, cuáles son sus sueños, sus metas, sus aspiraciones. Y también cuáles son sus miedos, sus angustias y sus preocupaciones. Mira qué cosas tienen en común, y en qué aspectos van difiriendo.


Pero lo más importante es que tú no pierdas tu esencia, que no intentes mostrarte como alguien que no eres por querer agradar más al otro. En definitiva, la idea es que les guste lo que cada uno es, no la imagen que pretenden aparentar.



Todo en su justa medida


¿Alguna vez has escuchado a la gente decir cosas como “No le hables”, “Deja que te busque todo el tiempo”, o bien, “El desinterés es la clave para que la otra persona se interese”…? Seguro que sí. Pero hoy yo te quiero decir que, si tienes que estar pensando todo el tiempo en fórmulas para hacer sentir al otro insignificante o insuficiente, para hacerle creer que no tienes tiempo para él o que te da igual verlo, si tienes que estar pensando en maneras de ocultar tus verdaderos sentimientos o de fingir lo que estás viviendo, ¿crees que realmente estás construyendo algo sano y sincero?


La clave para que toda relación interpersonal prospere está en la sinceridad: sé transparente. Si esa persona te interesa, no tiene nada de malo que seas tú mismo y le hagas saber, con tus acciones y compañía, que puede contar contigo, que te importa lo que siente.


Es esencial que seas honesto con esa persona; pero, sobre todo, sé sincero contigo mismo: siéntete cómodo de ir abriendo tus emociones, sin pensar en cada movimiento. San Agustín decía: “La medida del amor es amar sin medida”. ¿Por qué, entonces, le estamos creyendo al mundo eso de que conviene hacer todo con la medida justa? ¿No te parece mezquino? Creo que la medida correcta será aquella que tú tengas capacidad de dar y aprender a recibir, porque la medida correcta es un camino que se va ampliando día a día.


¿Cuánto tiempo es suficiente tiempo?


Actualmente, pareciera que debemos cumplir estándares de tiempo y espacio. Aún más: las expectativas de otros parecen estar condicionado nuestros propios pensamientos, y lo que dice el mundo muchas veces puede estar interfiriendo con nuestra propia cosmovisión.


¿Cuánto tiempo es suficiente tiempo para decidir empezar un noviazgo? ¿Cuánto tiempo es suficiente tiempo para decirle al otro mis sentimientos? ¿Cuánto tiempo es suficiente para sentir que realmente estoy enamorado? Muchas preguntas, y una sola respuesta: no importa tanto el tiempo, sino la calidad del tiempo. Pues, en términos musicales, cada relación tiene su propio “tempo”.


Y claro que el tiempo resulta importante para cimentar sentimientos más sólidos, pero deja de buscar patrones externos que pretendan dar la fórmula perfecta en cuestiones de tiempo. Por el contrario, escucha la voz de Dios en tu corazón, aprende a comunicarte con la persona con la que estás saliendo, y crea un ambiente seguro para que ambos puedan hablar sinceramente de lo que sienten. Cuida tu corazón, por supuesto, pero eso no quiere decir que tu corazón tenga que parecer un iceberg frío, congelado y aislado. Porque el verdadero amor no es un témpano hielo, sino la morada cálida que mueve el universo.


Una aventura por vivir


No hay nada más lindo que ser correspondido… Que saber que las mariposas también vuelan en su estómago, y que tu nombre hace eco en su cabeza. Después de estar saliendo, y habiendo sido sinceros, comienza a crecer el mutuo deseo de conocerse mucho más, de compartir más tiempo juntos, y de pasar de una linda amistad a la construcción de una historia de amor.


Pero, ¿cómo dar el siguiente paso? ¿Cómo llegar al siguiente nivel? Pues bien: bíblica y biológicamente, el hombre debe ser el que manifieste ese paso. Habiéndose encargado de la conquista del corazón de su princesa y habiendo batallado por conseguirlo, debería dar la última estocada, haciendo la hermosa pregunta que todas queremos escuchar de nuestro amado: “¿Quieres ser mi novia?”. Entonces podremos darle el anhelado “sí”, ese “sí” que hemos ido preparando, ya que la mujer es quien debe ir dando la señal de avance en cada etapa.


Y esto no corresponde al “machismo heteronormativo” que nos han hecho repudiar, sino a que somos iguales en dignidad, en derechos y en valor ante los ojos de Dios; pero también a que Él mismo estableció diferencias a nivel biológico, de modo que tenemos diferencias dentro del hogar, y respecto de la forma en que se da la relación, correspondiendo a la manera de ser, pensar y actuar del hombre y de la mujer. Porque, al fin y al cabo, hombre y mujer no nos completamos, sino que nos complementamos. Y, si el deseo del hombre es tener una aventura que vivir, el deseo de la mujer es formar parte irreemplazable de esa aventura.


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Así que, como hombre, arriésgate a vivir la aventura del amor, esfuérzate y sé valiente por conquistar a tu doncella. Como mujer, arriésgate a abrirle la puerta de tu vida, correspondiendo a su interés por ti y siendo tú misma. Utilicen juntos el balance perfecto entre razón y corazón, la medida desmedida del amor, y vean los frutos de la oración, porque, ¿qué es lo peor que puede pasar? Ni más ni menos: que aprendan a amar mejor.


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