¿Es mejor una pareja que nunca discute que otra que sí lo hace?



Muchas veces se piensa que el discutir es algo malo para la relación. Se puede llegar incluso a querer evitarlo a toda costa. Sin embargo, ¿es realmente tan perjudicial? ¿Debe evitarse siempre? En mi opinión, discutir es un arte.

Hay discusiones y discusiones


Las respuestas a estas preguntas pueden depender —claro está— de cada pareja. Cada relación es única, como lo son sus miembros integrantes, y por ello su manera de funcionar será distinta. Ni mejor ni peor. Pero creo que todos podemos coincidir en que hay discusiones que sí pueden ser perjudiciales en la pareja. Estas —claramente— son cuando el respeto y el cariño no están presentes.

Por ello, vamos a partir de la base de que las discusiones serán fructíferas cuando sean constructivas. Esto ocurre cuando se hacen desde el amor y el respeto mutuos. Es decir: desde la escucha, la empatía, y el deseo por entender al otro y por mejorar la situación. Y lo más importante, por aprender de ella.

Por estas razones, se podría afirmar que una discusión es algo positivo. Es conveniente que en la etapa del noviazgo se den discusiones de este tipo, para poder desarrollar y tocar temas que de otra forma pueden dejarse escapar. Temas que pueden ser importantes para la pareja y, más adelante, para su futuro. De lo contrario, estas cuestiones pueden ir acumulándose, y acabar explotando de la peor manera en un futuro próximo. De esta manera, siempre es mejor hablar las cosas, conocerse en el proceso y aprender de ello.


Claves para una buena discusión

Por todo lo expuesto, sería necesario destacar ciertos aspectos a tener en cuenta sobre las discusiones:


#1 Discutir es comunicarse con el otro

Descubrir y manifestar aquello que quiere transmitirse. Es hacer partícipe al otro de lo que se piensa y se tiene, es hacerle saber algo. No guardarse las cosas y acumularlas. Es tener el deseo de comunicarse para mejorar algo, por el bien de la relación.


#2 Es también amar al otro

Es una forma de querer al otro, claro que sí. Pues no se puede amar lo que no se conoce, como bien dice San Agustín. Es importante el conocimiento del otro, con tal de no idealizar a esa persona —cosa que puede suceder si las personas no se hablan y conocen entre sí—. Y la consecuencia de esto es la frustración, cuando la realidad no cumple con la expectativa. Por eso, cuando uno ama a la otra persona, quiere conocerlo más, y por ello acabará comprendiéndolo más también. Y la consecuencia será amarlo aún más. Así se logra cerrar el círculo virtuoso. Cuando se ama bien, es más fácil también conocerlo más y en profundidad.


#3 Es importante la escucha activa

Dejar que el otro hable y se exprese con claridad, y con el espacio y tiempo que necesite. No cortar bruscamente al otro es importantísimo para que se cree un clima de confianza, en el que la tensión acabe por esfumarse. Ambos han de poder explicarse y ser ellos mismos, permitiendo al otro sentirse comprendido y escuchado. Esto es fundamental: constituye la base de cualquier discusión constructiva.


#4 El diálogo es el mejor método que tenemos para resolver conflictos

Mucha razón tiene el dicho “hablando se entiende la gente”, pues lo cierto es que desde la empatía y comunicación eficaz pueden solucionarse muchos de los problemas que en el silencio se agravan y se complican. Con esto es importante darse tiempo de calidad: encontrar el momento y la mejor forma para hablar de aquello que preocupa, en vez de decirlo de cualquier manera o en cualquier lugar. Buscar el momento apropiado. Sin prisas y con calma.


#5 Fijar los temas en los que interesa profundizar y conversar

Es necesario quedar para hablar. Hay algunos que pueden costar más que otros, ya sea porque son más íntimos o por alguna situación personal. Tratarlos con delicadeza y paciencia. Pero es importante tocarlos: con ello la confianza crece y se conoce de verdad al otro.

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En resumen, podríamos concluir que discutir no es algo negativo, ni tiene por qué tratarse de algo malo. Es cierto que puede ocasionar una pelea o un cierto distanciamiento. Pero una discusión sana y bien dirigida no tiene por qué hacerlo. Más bien, al contrario: una discusión puede ser algo muy positivo y bueno. Es no dar nada por hecho. Se trata de una forma de comunicación en la que la pareja entra en temas más profundos, con tal de aclararlos. Tiene como objeto último conocer al otro, comprenderle y pretender la comunión con él.


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