El secreto de una buena comunicación



Recuerdo que cuando estaba en la universidad tenía clases de 6:00 am y aunque me encanta madrugar, creo que despertarme a las 4:00 am es un verdadero sacrificio. Una vez, uno de mis profesores canceló la clase y yo no escuché, así que muy juiciosa llegué normal a clase (10 minutos antes porque me gusta ser puntual) y al ver que nadie más llegaba empecé a sospechar que algo no estaba bien. Suena a chiste, pero es anécdota…todo por no escuchar bien.

La historia es para adentrarme en el tema que por estos días viene zumbando en mi cabeza: La clave de una buena comunicación en cualquier tipo de relación es la escucha. Saber escuchar a mi familia, a mis amigos y a mi pareja puede evitarme no solo malos entendidos, sino que también me puede dar claves de cómo se pueden sentir profundamente amados.


Escuchar es adentrarme en el corazón del otro


Cuando estamos atentos a lo que el otro nos cuenta, sea superficial o profundo, puede dar cuenta de las batallas que su corazón está librando o de lo que le hace profundamente feliz. Lo importante es aprender a escuchar sin prejuicios, entendiendo que el otro siente y percibe las cosas de una manera diferente a como nosotros mismos podemos hacerlo.

Dice la Palabra que “de la abundancia del corazón habla la boca” y a mí me gusta creer que también lo que decimos da cuenta de la escasez que hay en nuestro interior. Por eso, escuchar al otro nos puede ayudar a brindarle al otro lo que necesita y no solo lo que creemos que le hace bien.


Escuchar es ser detallista


Cuando escuchamos con el cuerpo, la mente y el corazón estamos poniendo nuestra atención en “los detalles” del otro y cuando esto pasa, nuestra pareja, amigos o familiares se pueden sentir profundamente amados.

Ser prestos a escuchar las minucias de los demás nos ayudará a diferenciar lo que les gusta y lo que no, lo que les hace felices y lo que no, lo que les agrada y les desagrada. Esto me hace pensar en las mamás que tienen varios hijos y saben qué dar de comida a cada uno porque conocen claramente los “caprichos” de cada uno.


Escuchar nos hace asertivos


Nuestro cuerpo es muy sabio, tenemos dos oídos y una sola boca. Cuando escuchamos más podremos expresar con mayor asertividad lo que queremos que el otro entienda. ¡Claro! Cada relación es universo, podemos encontrar diferencias generacionales, diferencias culturales, diferencias en las formas de pensar y concebir el mundo; sin embargo, por más diferencias que encontremos con los otros, escuchar bien siempre nos ayudará a ir un paso adelante.


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Por último, quiero invitarte no solo a que escuches bien sino a que dispongas espacios donde el otro sienta la comodidad de hablar. Las relaciones sanas se caracterizan por encontrar siempre un terreno para conversar libre de temores o prejuicios.


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