¿De nuevo virgen?



Hablar hoy de virginidad no es fácil. Esto porque las posiciones que se generan frente al tema varían. Para quien nunca ha tenido relaciones, la primera vez siempre se presenta como rodeada de misterio. Para quien ya ha tenido relaciones, la primera vez será siempre significativa. Ya sea que haya sido una experiencia agradable o una experiencia que uno prefiera olvidar, la primera vez te sigue toda la vida. De la vez 15 ó la 20 seguro te olvidas, pero la primera no te la olvidas más. Ciertamente, uno puede plantearse la primera relación sexual en términos de pérdida —perder la virginidad—, pero lo cierto es que con una relación sexual uno puede ganar muchas cosas. De hecho, uno siempre gana experiencias —buenas o malas—. Pero la pregunta que vale la pena hacerse es si acaso esperando uno no puede ganar más.


La virginidad no es una cuestión física, sino una cuestión de una mayor profundidad. Me explico. El cuerpo expresa lo que la persona es —pues soy cuerpo—. De ahí que la entrega del cuerpo no hace sino significar una entrega más profunda: la entrega de mi persona. A quien le entrego mi cuerpo, le estoy entregando lo mejor que tengo: le estoy entregando mi persona, le estoy dando todo lo que soy a modo de regalo, a modo de don. De ahí que alguien virgen es alguien que nunca le ha hecho el don de su persona a otra —lo cual se expresa en una relación sexual—. Y por eso alguien que es violentado sexualmente no deja de ser virgen, porque por más que tuvo relaciones, en ellas no hubo una donación libre, no hubo una entrega personal.


Puede que uno no haya estado seguro, que no haya sido plenamente consciente, o que haya sido inmaduro —o puede que haya ocurrido todo lo contrario—, pero la posibilidad de hacerle el don de mi persona a otra por primera vez se da sólo una vez. Por eso para muchos la virginidad es algo muy importante. Y, en el fondo, su valor no pasa por lo físico, sino por la consideración del valor que tengo de mí mismo, y de cuán dispuesto estoy a entregar a otro ese valor. Si lo tienes, cuídalo como oro. ¿Y si no?


Segunda virginidad


Si eres virgen, lo repito, cuídalo como oro, porque es algo que no se recupera más. Pero el hecho de no serlo no te hace menos valioso, no te hace menos persona, no te hace que pierdas tu infinito valor. El que la persona con la que quieras estar no sea virgen no tiene por qué ser un impedimento para ponerte de novio con ella. En cambio, si esa persona es soberbia, mentirosa, rencorosa, manipuladora, incapaz de perdonar; eso sí puede llegar a ser un problema.


¿Se puede recuperar la virginidad? Sólo hay una primera vez, pero eso no quiere decir que todo esté perdido para la persona que considere que la virginidad sea algo valioso en orden al matrimonio. Ciertamente, muchos hablan de una segunda virginidad, pero para vivirla en su sentido más profundo es necesario llenarla con el contenido de la primera virginidad. Esto quiere decir que una segunda virginidad no pasa sólo por la decisión de no volver a tener relaciones sexuales. La segunda virginidad se fundamenta no en algo que hago, sino en algo que soy. Pasa por volver a descubrirme como alguien valioso; pasa por redescubrir mi infinito valor como persona y estar dispuesto a vivir conforme a ese valor, de modo que eso que valgo, eso que soy, no estoy dispuesto a entregarlo.


Nadie dice que sostener esta decisión vaya a ser fácil, porque sólo el que no ha probado la nutella no extraña la nutella. Y si es con mi actual pareja con quien ya he tenido relaciones la cosa tendrá una dificultad un tanto mayor. Aun así, no es imposible, pero para que funcione, siempre tiene que ser una decisión tomada por los dos, de modo que pueda ser sostenida por ambos. Esto especialmente cuando alguno pasa por un momento particular de debilidad. Y esta espera tendrá sentido en la medida que la pareja pueda ver como algo valioso para ambos el posponer la entrega de sus cuerpos hasta cuando la entrega de sus personas sea total. Esto es lo propio de la vida matrimonial.


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