¿Cuándo me tengo que ocupar de mi fertilidad?



Vivimos en una cultura en la cual la fertilidad parece ser un interruptor que se prende y se apaga. A las mujeres, en particular, se les habla de ciclos —no de fertilidad— durante la preadolescencia y la primera adolescencia; se les habla de anticonceptivos durante su adolescencia y hasta los 30 años; y recién a partir de los 30 comienzan los consejos respecto de la fertilidad.


¿Es este el cuidado que debemos tener de nuestra fertilidad? La respuesta a esta pregunta tiene 4 nociones importantes.


#1 La fertilidad es salud


La fertilidad no es un interruptor: no se prende y se apaga, no se saca y se pone. Tanto mujer como varón nacen con un sistema reproductor especifico, que tienen desde el vientre materno, y que irá madurando a lo largo de su vida. En cada uno funciona de manera distinta, madura de manera distinta, y estos órganos siempre aparecen como desarrollo normal y sano del cuerpo humano. Ello no nos exime de llevarlo responsablemente, tanto para buscar el embarazo como para evitarlo. La fertilidad es parte del desarrollo saludable de nuestro cuerpo. Esto es obvio para la infancia, dado que nadie impediría el desarrollo sexual de su hijo.


#2 Los ciclos tardan hasta 3 años en madurar


En el desarrollo de la pubertad y primera adolecencia, es importante entender que en la mujer los ciclos llevan hasta 3 años en llegar a su madurez. Es normal la irregularidad en el ciclo, justamente debido a su inmadurez. En los comienzos, hay un tiempo de prueba y error del cuerpo, tiempo en el cual va adaptándose a lograr un ciclo maduro, con niveles hormonales esperables. Durante este tiempo, es importante tener una consulta con un médico que logre acompañar y resolver posibles dudas. Pero lo importante es comprender que no es necesaria la regularidad, y que no se justifica el uso de anticonceptivos para buscarla.


Madres e hijas deben entender que, en caso de necesitar atención médica, conviene buscar una respetuosa del cuerpo, su desarrollo y sus tiempos. Los métodos naturales son una gran herramienta de descubrimiento personal para estas adolescentes. Logran entender la simpleza del ciclo, atender a sus irregularidades esperables, y ser testigos de los cambios en su cuerpo hacia la madurez. El uso de anticonceptivos no regulariza el ciclo: más bien, lo elimina, impidiendo el tiempo que necesita para lograr ciclos sanos y maduros.


#3 De los 20 a los 30 años muchas mujeres acceden a los anticonceptivos


Los motivos son variados, y los casos más llamativos resultan los de quienes creen estar bajo un tratamiento hormonal, o quienes creen que de esta manera regularizaron el ciclo o las hormonas. Es también fuertemente incentivado el uso de anticonceptivos de larga duración. Incluso, muchas veces es promocionado como beneficio la “ausencia de menstruación”. La verdad es que cualquier anticonceptivo hormonal inhibe la ovulación, con lo cual no hay desarrollo hormonal, ni tampoco hay propiamente una menstruación. Es decir: todo anticonceptivo hormonal deja anulado todo el sistema de ciclos, incluido las funciones del cerebro que dan las órdenes de “comenzar” con el ciclo.


¿Afecta esto la fertilidad? Por supuesto. Muchos dirán que no tiene consecuencias a largo plazo, o que no hay una afección en la fertilidad; sin embargo, eso es simplemente una contradicción en los términos. La fertilidad se da por los ciclos. Y los anticonceptivos anulan los ciclos, con lo cual la afectan en ese momento, anulándolos. Querer evitar el embarazo no es equivalente a necesitar quedarse sin ciclos. Los métodos naturales son una herramienta gracias a la cual los dos fines pueden llegar a buen término: cuidan de tu ciclo, conoces tu ciclo, y evitan el embarazo sin comprometer tu salud.


#4 La fertilidad no es un momento, es un continuo


En efecto, no se trata de una “reserva”, sino un todo. Luego de los 35 años, suelen aparecer los carteles, las charlas y las sugerencias respecto de “preservar la fertilidad”. Desde las empresas, las amistades o los familiares, hasta los médicos. Sin embargo, la verdad es que cada mujer es distinta: la fertilidad no se puede preservar, porque no está ligada únicamente a preservar células reproductivos. La fertilidad, como la salud, es un todo. Implica, obviamente, reserva ovárica, pero de ninguna manera es la única incidencia. Es la salud del útero, de las trompas, del cérvix y su descarga, lo que compromete el “todo” de la fertilidad.


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La fertilidad no debe estar relacionada a un cuidado “para” tener hijos —y, por ende, a algo que puede descuidarse si uno no busca un embarazo, o si no sabe si le interesa—. Debemos entendernos como personas integrales, también en sentido físico. Si cuido mi salud, cuido mi fertilidad. Si observo y registro mis ciclos, cuido de mi salud. Es indiferente si soy o no activa sexualmente, si busco o no un embarazo. Ser sano es ser fértil. Mis ciclos son mi salud, y mi primera responsabilidad es cuidar de mi cuerpo.


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