Cómo saber si tiene futuro tu relación



En algún punto —o en varios—, nos planteamos si lo que vivimos con una persona puede sostenerse en el tiempo. Como siempre, funciona en todas las relaciones, desde el tendero de la esquina hasta un Ser Supremo. Pero sobre todo con la pareja. Podemos encontrarnos en lo que se llama un “momento bisagra” o el “point of no return”, el punto en el cual nos damos cuenta de que no hay marcha atrás: o seguimos apostándole a la relación, o nos retiramos para evitar más daños. Hay algo que está pasando que nos impulsa a evaluar lo que hemos compartido: momentos, pensamientos, emociones, dolores y placeres… y sueños, sobre todo sueños. Ya hemos invertido tanto en esto: ¿vale la pena seguir haciéndolo? Ciertamente, nadie tiene una bolita de cristal para poder saber qué va a pasar, y si esa inversión va a dar frutos. Sin embargo, tenemos la capacidad de proyectar el porvenir basándonos en los datos que nos presenta el pasado. Existen señales de que va a ser así. Veamos algunas:

#1 Completa honestidad Me contaba una chica que, cuando se enteró de que el muchacho que estaba buscando tener una relación con ella le había dicho que se llamaba de otra manera, para ella él, por así decirlo, “se le cayó al piso”. Con un comienzo así, ¿qué se puede esperar? Quizá él se cambió de nombre por vergüenza de quien es, o por ocultar una historia turbia. El caso es que, para que una relación funcione, debemos mostrarnos tal cual somos. Si el tendero promociona que vende pan, pero solo tiene papas, yo no voy a comprarle nada. La honestidad en toda relación significa abrirse a que el otro me conozca. Porque el amor surge del conocimiento, y no puedo amar a alguien que representa para mí más incógnitas que respuestas. Me viene a la mente el clásico de Billy Joel, “Honesty”: “casi nunca escuchamos de honestidad, y es mayormente lo que necesito de ti”. Puedes conocer muchas caras bonitas, con quienes sientas una conexión y que te den ternura; pero cuando sabes que esa persona se muestra entera, de manera transparente, ahí es. #2 Correcta comunicación Un cliente me reportaba que había optado por bloquearse y no oír a su esposa cuando estaba enojada, pues ella le hacía una lista completa de sus errores pasados, y no le permitía a él dar sus argumentos. Si ninguno de los dos está escuchando, ¿qué comunicación existe? Ciertamente, él le hizo mucho daño a ella, por lo cual se arrepintió, y trata de repararlo día a día. Sin embargo, para poder hacerlo hay que entender qué siente, qué piensa, qué necesita la otra persona. Si el tendero me da papas cuando le pedí pan, porque está escuchando el fútbol en lugar de a mí, no puedo comprarle nada. La comunicación es la herramienta que usamos para entendernos entre nosotros. Gracias a ese entendimiento somos capaces de ajustar tuercas y corregir caminos para construir relaciones saludables. Recuerdo cuando McCartney cantaba en The Beatles “Hello, goodbye”, acerca de ese desentendimiento: “yo digo ‘altoʼ, tú dices ‘bajoʼ, tú dices ‘por quéʼ y yo digo ‘no lo séʼ”. A veces sentimos que estamos hablando idiomas distintos; pero si cada uno logra escuchar al otro para comprender lo que piensa y siente, ahí es. #3 Empatía

Supe esta historia acerca de un joven que decía que podía ver a su novia gritando y llorando sobre algo que él no alcanzaba a comprender, y era como si viera una película, pues no percibía ninguna emoción más que las ganas de salir y cerrar la puerta. Si era incapaz de captar lo que ella sentía, ¿cómo ayudarla? No era su culpa, no es que se negaba a hacer algo por su pareja: es que no podía. El problema es que, si no tenemos la habilidad de entender lo que está viviendo el otro, es muy difícil que estemos posibilitados de construir algo juntos. Cuando el tendero me pide disculpas por no poder venderme nada, porque le acaban de asaltar y va a tener que cerrar la tienda, yo podré ir a otra ese rato, pero regresaré, pues entiendo el mal momento que pasó. La empatía implica sentir con el otro, intentar ponerse en su lugar para comprender lo que está viviendo. De esa manera trato de meterme en su circunstancia y no juzgarlo, apoyarlo en lo que necesita, y actuar para conseguir solucionar entre ambos cualquier problema. De esto habla la canción “Me Voy” de Julieta Venegas, cuando reclama: “porque no supiste entender a mi corazón, lo que había en él”. No es fácil meterse en el pellejo de la otra persona, ni dejarla entrar en el nuestro. Pero, si conseguimos esa compenetración, ese encuentro, ahí es. #4 Aceptación incondicional Me acuerdo de una amiga que me contaba que, cuando le reclamaba algo a su esposo, él le respondía “así me conociste”, y ella se enojaba porque esperaba que él fuera diferente. Si no le gustaba su forma de ser, ¿por qué se casó con él? Es verdad, tampoco es una excusa para no mejorar el “si me conocen, para qué me invitan”, y ella necesitaba ese crecimiento. El punto es que, si queremos que el otro se ajuste a un ideal, que sea perfecto y la relación resulte intachable, lo único que logramos es frustración, porque se trata de un sueño inalcanzable. Si no acepto que el tendero solo me puede vender pan temprano en la mañana, de nada vale que le reclame siempre por no hacerlo en la noche. La aceptación incondicional es un requisito básico en toda relación, pues demuestra el respeto que tenemos hacia la otra persona. No queremos cambiarlo, sino que nos motivamos mutuamente a ser una mejor versión de nosotros para el otro, cada día. Nos vemos en lo que podemos llegar a ser, y no tanto en nuestra condición actual —menos, en la pasada—. Cuando escucho “All of me”, de John Legend, eso es lo que noto: “amo tus curvas y tus bordes, todas tus perfectas imperfecciones”. Tendemos a buscar un ideal en todo, comenzando por nosotros mismos, y pueden resultar expectativas demasiado altas; pero, si podemos admitir que todos tenemos fortalezas y debilidades, y nos asumimos como seres imperfectos pero perfectibles, ahí es. #5 Voluntad de compromiso El otro día una cliente me relató cómo el esposo había dejado de esforzarse por buscar un trabajo, aunque ella se lo pedía todo el tiempo. Si él no demostraba ninguna intención de avanzar, ¿cómo podía arreglarse su situación? Él cursaba, efectivamente, una depresión comprensible por lo complicado de su estado laboral, lo cual condicionaba su capacidad de reacción. Aun así, para poder sostener una relación, es necesario que ambos demuestren que están dispuestas a hacer lo que haga falta. En el momento en el que el tendero me ofrezca que tendré mi pan cuando lo necesite, seguiré acudiendo a su tienda. El compromiso significa que cada uno le promete al otro ser día a día una mejor versión de sí mismo, con su ayuda. Como sabemos que esto es una lucha interminable, lo que debemos medir es la voluntad de compromiso, esa llama encendida que demuestra cuánto deseo lograrlo. Como cuando Alejandro Lerner cantaba: “no hace falta decir que me quiero morir a tu lado”, en su tema “No hace falta que lo digas”. Cuando queremos entregar nuestra vida al otro y él siente lo mismo, aunque cambie el escenario y las circunstancias sean difíciles, ahí es. * * * Como decía antes, estas señales no son garantías, pero sí nos dan esperanzas fundadas. Porque, en realidad, lo que ponemos en las relaciones se parece más a una inversión que a una apuesta, pues esta implica que nos abandonamos al voluble azar, mientras la primera es algo que vamos construyendo en la espera de un fruto que percibimos posible. Invertir tiempo, esfuerzo y paciencia en una relación, con la fe que nos da el amor tiene sentido. Mucho sentido.


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