Cómo mi hábito por la pornografía normalizó la cosificación sexual



La pornografía ha afectado mucho mi vida, y aún lo hace. La razón por la que quiero compartir mi historia es que este tema reapareció hace poco en mi vida, cuando descubrí que mi novio ve pornografía. Y, por supuesto, cuando lo critiqué, tuvo las típicas respuestas de “todo el mundo lo ve, no es gran cosa”. Pero sí que es gran cosa. En mi experiencia, un adicto a la pornografía es similar en algunos aspectos a un adicto a las drogas, en el sentido de que siempre tendrá dificultades para elegir no hacerlo. En mi caso, hace aproximadamente dos años que no consumo pornografía y, sin embargo, sus efectos secundarios todavía repercuten en mi día a día. Yo me he subido a esa montaña rusa, y no voy a volver a hacerlo.


Mi historia con la pornografía


Tenía alrededor de 7 años la primera vez que estuve expuesta a la pornografía, justo antes de que me abusaran sexualmente. Sin embargo, el abuso sexual es otra historia. Me obsesioné con la pornografía incluso antes de entender lo que estaba viendo. Cuando tenía 9 años, miraba porno de forma completamente compulsiva. Todavía no comprendía exactamente lo que estaba viendo, pero no podía parar.


Después de ver pornografía, me sentía mal conmigo misma y me prometía que no volvería a ver, pero esa era una promesa que rompía continuamente. Mis primeros años comenzaron con el lado suave de la pornografía, pero es cierto lo que dicen: es una pendiente resbaladiza. Cuando tenía unos 15 años, la pornografía ya no era suficiente, y comencé a buscar a alguien para chatear por videollamada o enviar fotos o videos.


La pornografía fue un factor que condujo a mi baja autoestima. Me sentía tan sucia, y cuanto más sucia me sentía, más ocultaba mis sentimientos en la pornografía. Se convirtió en un círculo vicioso que afectó mi vida hasta los 17 años. Entonces, me di cuenta de lo repugnante y asquerosa que era realmente la pornografía, y finalmente encontré la fuerza de voluntad para luchar siempre contra ese impulso.


Hoy en día, respecto de los efectos secundarios de la pornografía, debo decir que mi cerebro se ha reconfigurado de modo tal que todo en el mundo está sexualizado. Por ejemplo, soy muy consciente del espacio físico, y presto mucha atención al lenguaje corporal.


Mis razones para oponerme a la pornografía


Además de esgrimir el argumento de que “todos lo hacen”, mi novio también dijo que la única razón por la que estoy en contra de la pornografía es por haber sido abusado sexualmente. Por ello, quiero dejar en claro las razones: estoy en contra de la pornografía porque sé lo que la pornografía le hace a una persona.


Yo odiaba quién era y odiaba lo que hacía por un placer fugaz y repugnante. Estoy en contra de la pornografía porque es un hábito tóxico, que me tomó años dejar y, sin embargo, todavía sufro las repercusiones. Estoy en contra de la pornografía porque convierte a personas reales en objetos sexuales. Estoy en contra de la pornografía porque es una compulsión socialmente aceptada. En verdad, se ha transformado en un problema creciente y, sin embargo, siempre se la defiende con la excusa de que “todo el mundo la ve, no es gran cosa”.


Objeto de cosificación


La cosificación sexual ocurre cuando las personas perciben a los demás como objetos sexuales, en lugar de como seres humanos complejos que merecen dignidad y respeto. De hecho, en una revisión de la investigación sobre la violencia sexual, dos destacados expertos llamaron a la cosificación sexual el “hilo común” que conecta diferentes formas de violencia sexual. [1]


La investigación muestra de manera consistente que la pornografía puede tener un rol importante en enseñar a los espectadores a consumir a las personas como si fueran productos para su propia satisfacción sexual, lo que en última instancia puede tener consecuencias nocivas para las personas, las relaciones y las culturas en las que vivimos . [2][3]


En efecto, no hace mucho tiempo, psicólogos de Princeton y Stanford realizaron un estudio que mostraba dos conjuntos de imágenes a un grupo de hombres: algunas de mujeres completamente vestidas, y otras de mujeres que habían sido sexualizadas, y que apenas tenían ropa. Los psicólogos monitorearon su corteza prefrontal medial (CPFm), que es la parte del cerebro involucrada en reconocer rostros humanos y distinguir a una persona de otra. En su mayor parte, la parte CPFm del cerebro se activaba con cada imagen.


Sin embargo, cuando a los sujetos del estudio se les mostraron imágenes de mujeres sexualizadas, esta parte del cerebro no se activó. Básicamente, la reacción automática en sus cerebros sugirió que no percibían a las mujeres sexualizadas como completamente humanas, sino que las veían como objetos, enfocándose en sus cuerpos y partes del cuerpo. Los investigadores concluyeron: “se entendía que las mujeres sexualizadas tenían menor control sobre sus propias vidas” y que “esto sugiere que las mujeres sexualizadas están más estrechamente asociadas con ser los objetos, no los agentes, de la acción, en comparación con las mujeres vestidas”. [4]


Cómo la pornografía moldea la forma de pensar


Por supuesto que la pornografía no es una representación precisa de cómo se ve la gente común o cómo funcionan el sexo y la intimidad en las relaciones de la vida real. Sin embargo, las investigaciones muestran que la pornografía puede moldear la forma en que los consumidores piensan sobre los demás y sobre el sexo. Y efectivamente, lo hace.


La conexión real comienza con ver a los demás como personas completas con pensamientos, sentimientos, sueños, luchas y vidas únicas. Ver a las personas como productos es perjudicial para las personas, las relaciones y, en última instancia, para la sociedad en su conjunto. Las acciones privadas colectivas de millones afectan la cultura en general: objetivar a otros en privado en nuestras pantallas no inspira respeto y dignidad en público. Lo privado impacta en lo público, así es como funciona la cultura. Si queremos una cultura de verdadero respeto e igualdad, debemos asegurarnos de pensar, hablar y tratar a los demás como personas completas, no como objetos.


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Ya sea que creas que estás obsesionado con la pornografía o que no lo creas, esta te afecta más de lo que puedes imaginar. Y para cualquiera que actualmente esté luchando contra esto, quiero decirte algo: tienes el poder para dejar de consumir, no importa cuántas veces recaigas o el tiempo que te tome. Puedes dejarlo, y te alegrarás cuando lo hagas. Entonces, de un luchador a otro: mantente fuerte y sigue luchando.



[1] Gervais, S. J., & Eagan, S. (2017). Sexual objectification: The common thread connecting myriad forms of sexual violence against women. The American journal of orthopsychiatry, 87(3), 226–232. https://doi.org/10.1037/ort0000257

[2] Skorska, M.N., Hodson, G., & Hoffarth, M.R. (2018). Experimental effects of degrading versus erotic pornography exposure in men on reactions toward women (objectification, sexism, discrimination). The Canadian Journal of Human Sexuality, 27, 261 - 276.

[3] Seabrook, R. C., Ward, L. M., & Giaccardi, S. (2019). Less than human? Media use, objectification of women, and men’s acceptance of sexual aggression. Psychology of Violence, 9(5), 536-545. doi:10.1037/vio0000198

[4] Cikara, M., Eberhardt, J. L., & Fiske, S. T. (2011). From agents to objects: sexist attitudes and neural responses to sexualized targets. Journal of cognitive neuroscience, 23(3), 540–551. https://doi.org/10.1162/jocn.2010.21497