¿Cómo medir el contacto físico en la relación?



Si una pareja de enamorados o novios quiere vivir la castidad sabe más o menos lo siguiente. Por un lado, tomarse de las manos y darse besos cortos está bien. Por otro lado, tener intimidad sexual es algo que se reserva para el matrimonio. Pero, ¿qué se puede hacer en el medio?


Como se imaginarán, no hay una regla matemática que nos dé mágicamente la solución, pero sí tres criterios que pueden ayudar. Es importante mencionar que, para que la acción sea buena, estos tres criterios deben darse simultáneamente. Si falta alguno de ellos, nos encontramos frente a una expresión de afecto en el noviazgo que no se corresponde con el amor.


#1 Que la acción en sí misma sea de cariño


Hay caricias que afirman el cariño que une a la pareja y hay otras que producen excitación. Estas últimas pueden incluso vivirse como una suerte de “acto preparatorio” para una relación sexual, por más que esta no se concrete.


Teniendo en cuenta esta distinción, el primer requisito para que una expresión de afecto en el noviazgo sea buena es que la misma sea de cariño y no de excitación. Ahora bien, es natural que el contacto físico con la otra persona naturalmente produzca una cierta excitación. Esto no es inapropiado, siempre y cuando los actos que la generen se mantengan al nivel del cariño.


Cuando los actos empiezan a “preparar” una relación sexual —aunque sea de manera remota—, dejan de ser expresiones de cariño, incluso si no está en la intención de la pareja llegar a tener intimidad sexual.


Es importante tener en cuenta que cada persona tiene una suerte de umbral, cruzado el cual, la excitación propia de un acto de cariño empieza a vivirse como una preparación para una relación sexual. Hay que decirlo nuevamente: el contacto físico propio de un beso, un abrazo o una caricia de cariño pueden producir excitación y esto no está mal. Pero es importante conocerse para saber qué actos —incluso hechos con buena intención— hacen que uno interiormente atraviese ese umbral.


Además, es importante no sólo conocerse, sino conocer también a la otra persona y hablar sobre la forma cómo se expresa físicamente el afecto en la relación, pues dicho umbral de excitación es diferente para cada uno. Así, por ejemplo, una expresión de afecto que era “normal” en relaciones anteriores no necesariamente va a seguir siendo conveniente con una pareja diferente en una nueva relación.


#2 Que la intención sea buena


Si el criterio anterior mira a la acción en sí, este segundo criterio mira a la intención con la que se realiza la acción. En efecto, una expresión “legítima” de cariño puede ser hecha con una mala intención. Pero, ¿qué hace que la intención sea buena o mala?


El fin de la sexualidad es el amor, y amar se opone a usar. Al expresar afecto, una buena intención es la de amar a la otra persona; y una mala intención es la de usarla, por ejemplo, para obtener placer.


Recordemos que el amor no es un sentimiento sino una decisión: la decisión de buscar el bien para la otra persona. Esta decisión se opone al uso, que implica la decisión de buscar mi propio bien a costa de la otra persona. El que ama, reconoce al otro como un semejante, como un sujeto, como un “alguien” que merece ser tratado con dignidad. Quien usa, en cambio, ve al otro como una cosa, como un objeto, como “algo” de lo que se puede aprovechar.


Es importante tener en cuenta que una buena intención no hace que una acción mala se haga buena. Es decir, si la expresión física de afecto no es de cariño sino de excitación, esa acción deja de ser conveniente por más que se haga con una buena intención.


#3 Que las circunstancias sean adecuadas


No basta que la expresión física sea de cariño —y no de excitación— y que la intención sea de amar —y no de usar—, sino que, además, las circunstancias de esa expresión de afecto deben ser adecuadas. Por circunstancias nos referimos a todo aquello que rodea la acción, y que responde a las preguntas: ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿con qué?, ¿para qué?, ¿con quién?, etcétera. Son precisamente las circunstancias las que hacen que cada acción sea única.


Por ejemplo, no da lo mismo un beso muy afectuoso en el aniversario del tercer año de la relación que el mismo beso con alguien que se acaba de conocer. Tampoco da lo mismo el mismo beso de día en un lugar público que de noche estando solos en casa viendo una película en el sillón.


Aquí también es importante tener en cuenta que la sensibilidad de una misma persona suele variar. En efecto, hay momentos en los que uno tiene más exacerbada la sensibilidad y expresiones de afecto que normalmente “no hacen nada”, en esos momentos, se sienten con más intensidad. Por eso, un beso o un abrazo que son convenientes un día, pueden no serlo un día diferente por más que se den a la misma hora y en el mismo lugar.


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En general, uno suele intuir qué expresiones de afecto hacen bien o no a la relación. Este triple análisis que hemos presentado puede ayudar más bien en esa “zona gris” en la que uno no está seguro y, sin embargo, quiere tener tranquilidad de estar llevando bien la relación.


Para más cualquier duda, pueden escribirme en mi cuenta de Instagram: @daniel.torrec.