¿Cómo entender la abstinencia sexual periódica en el matrimonio?



“De cara al mundo, la abstinencia puede resultar una gran frustración, en la que parece que el hombre especialmente se va a subir por las paredes (aunque la mujer también). Sin embargo, resultaron ser momentos increíbles en nuestro matrimonio. Fue como un volver a ser novios, pero conociéndonos ya. Nos sentimos libres y profundamente queridos. y eso no lo cambiamos por nada”. Esto me lo contaba un matrimonio que por su situación particular no podían buscar un embarazo de nuevo, por lo cual cesaba el acto conyugal en los días fértiles.

A pesar de lo que se pueda pensar, la abstinencia o, mejor dicho, la continencia periódica en días de posible fertilidad, no es algo malo ni que dañe a la relación. En realidad, si lo pensamos bien, esa espera es tan antigua como la vida misma, ajena a cualquier creencia. En su defensa, y porque todos nos merecemos descubrirla, me lanzo a hablar de ella, enfocándola a la vida matrimonial.

Compartirlo todo

La abstinencia sexual en días concretos sólo se entiende y acepta si para nosotros el coito es un acto de amor total, único y más completo entre el hombre y la mujer. Una forma de compartirlo todo, sin reservas ni egoísmos. La mentalidad anticonceptiva que corre por nuestras venas nos dificulta entender que está todo muy bien pensado: los ciclos de la mujer, las fases fértiles e infértiles y las distintas apetencias sexuales.

La fertilidad no es un campo estanco, no es una prótesis de quita y pon: es parte de nosotros mismos, y por esa razón las relaciones sexuales, a veces, traen como consecuencia la procreación. Si usamos la contracepción (condón, píldora, diafragma, …) o las medias tintas, porque sólo miramos la parte placentera que a cada uno le toca, nos estamos quedando cortos. Es como bailar sin música, cantar sin voz, escuchar sin oídos. Si nos queremos, nos queremos con todo. Y si creemos necesitar esa unión, la abstinencia, en muchas ocasiones, es el camino perfecto para afianzarla.

La abstinencia, forma de cariño

La abstinencia sexual nos enseña a repartir afecto y cariño sin necesidad de cama; a contarnos mirándonos a los ojos, que, si nos queremos, nos queremos del todo, con la fertilidad también; a entender que somos diferentes y que necesitamos vivir esas diferencias. Creedme si os digo que la abstinencia, antes que hacer daño, nos enseña a dejar paso a un placer afectivo y espiritual que crea lazos mayores y que lo alcanzan aquellos que se deciden por ella.

Pero la abstinencia rehúye las obligaciones impuesta, y necesita ser entendida y bien vivida. Exige que ambas partes estén de acuerdo, porque si no, es posible que se acabe convirtiendo, más que en ayuda, en lastre. Porque todas las parejas necesitamos hablar de sexo, y también de otras formas de amor. Demostrarnos cariño cuando decidimos (juntos) posponer el coito, sobre todo para no enfriar el abrazo posterior. Como en las fiestas, los preparativos son la mejor parte. Hablar de nosotros, de los proyectos juntos, de cómo nos sentimos, de nuestras debilidades e ilusiones. De todo lo que somos.

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Sea el tiempo que sea, hasta que no se vive la abstinencia en conciencia, con decisión y convicción, no nos damos cuenta de que ésta nos hace más ingeniosos en el amor, mantiene nuestra pasión y una vida sexual plena en la que nos olvidamos del yo para mirar al . La abstinencia sexual, en muchísimas ocasiones se convierte en el preludio de algo mejor. Se trata de un gran regalo, un gran preparativo, un estupendo preliminar, para vivir la gran fiesta del amor.



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