¿Cómo disfrutar el sexo al máximo?




Vivir bien el sexo en el matrimonio es algo fundamental. El sexo es el culmen de la comunicación y, a la vez, la mejor señal de que las cosas funcionan bien en una pareja. Sin embargo, no puede convertirse en algo maquinal, ni mucho menos en una obligación. Es algo que los dos tenemos que disfrutar, a lo que debemos sacarle el máximo partido. ¿Y tú? ¿Sabes sacarle el máximo partido al sexo?



El sexo físico


Para sacarle el máximo partido al sexo en el matrimonio hay que tener en cuenta los tres planos de la sexualidad. El primero es el plano físico, el sexo físico. Es el más obvio, pero al mismo tiempo es el gran desconocido. Sobre todo porque el cine, la televisión y la sociedad en general nos presentan una imagen de la sexualidad enfocada casi al cien por cien en el apartado físico, y, además, pintan una realidad del sexo muy diferente del día a día de una pareja normal.


Y es que, desde un punto de vista físico, ni el hombre y la mujer tienen los mismos tiempos, ni la atracción tiene las mismas características, ni las ganas normalmente tampoco son las mismas. Ellas dependen mucho más de la faceta anímica y de los ciclos. Los tiempos son más lentos que los del hombre, y, sobre todo, mucho más dependientes del estado actual de cómo está su relación con el otro en ese momento.


Por su parte, el hombre es más lineal, y alcanza tanto la excitación como el orgasmo mucho más rápidamente. Por eso, para sacarle el máximo partido al sexo y disfrutar al máximo de una relación sexual sana, es fundamental cuidar los tiempos y conocer la sexualidad a fondo, para intentar sincronizarse al máximo. Solo así, cuando conocemos muy bien físicamente al otro, sacamos el máximo partido al sexo en el plano físico.



El sexo afectivo


El segundo plano es el de los afectos: el sexo afectivo. Los afectos nos hacen diferentes como seres humanos, porque el sexo no puede convertirse en algo maquinal, meramente físico, solo corporal, sin sentimientos. Desde este punto de vista, todos necesitamos sentirnos queridos afectivamente: unos lo traducirán en sentirse admirados —quizás más ellos que ellas, aunque no tiene por qué serlo siempre—, otros —quizás más ellas, pero puede ser al revés— necesitarán sentirse capaces de atraer.


En cualquiera de los casos, ambos necesitamos sentirnos queridos. En segundo lugar, en cuanto a lo afectivo, queremos también sentir que nos necesitamos el uno al otro. Y, finalmente, el afecto se traduce en el respeto: nos respetamos el uno al otro. Respetamos los gustos que tiene el otro, las caricias que le excitan, las expresiones que le hacen sentirse querido o querida, los momentos que prefiere… Solo si conocemos en profundidad afectivamente al otro sacaremos el máximo partido al sexo en este plano afectivo.



El sexo espiritual


Finalmente, está el plano más humano: el de la inteligencia. El sexo espiritual. En él se demuestra que la entrega por el otro es total y para siempre. Porque intervienen aspectos como la generosidad, que se entrega al máximo sin buscar nada a cambio, o la fidelidad, que busca la exclusividad como base de la felicidad, o la voluntad para la entrega total, que supone autocontrol, porque con ella se controlan los instintos y los afectos —y eso hace que el acto sexual se convierta en un acto exclusivamente humano—.


En este sentido, la inteligencia nos ayuda a sacarle el máximo partido al acto sexual, ese momento especial en el que la capacidad de placer físico, afectivo e intelectual se multiplican y aumentan su capacidad de placer al máximo.


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Para disfrutar al máximo, un consejo final: busca siempre, en cada encuentro sexual, que sea el otro el que disfrute más que tú. Que disfrute más que tú en el plano físico, que disfrute más que tú en el plano afectivo y, finalmente, que disfrute más que tú en el plano intelectual. Y, paradojas de la vida, quien busca que el otro disfrute más, termina disfrutando también más. ¿No crees que vale la pena el esfuerzo?


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