6 cosas que no te cuentan antes del matrimonio



Casarse es una aventura, decía Chesterton (uno de mis autores favoritos): “La aventura podrá ser loca pero el aventurero ha de ser cuerdo”. Es algo que nos emociona a muchos, incluso algo que anhelamos cuando se entiende el verdadero sentido del matrimonio, su rol en la Iglesia y en la sociedad, aunque también es verdad que hay muchas cosas que no nos cuentan, no contemplamos o no sabemos antes de casarnos pero qué es importante tener en cuenta y saber. Hoy quiero hablar un poco de eso, algunas cosas que yo no sabía o no había contemplado y que me hubiera gustado saber sin pretender desalentar a nadie, sino todo lo contrario, alentarlos a contemplar también estas variables.



#1 Incluso con un proceso de sanación previo por parte de ambos, habrá heridas que descubran ya estando casados


Por alguna razón, muchos pensamos que debemos llegar al matrimonio totalmente sanados de nuestras heridas, muchos incluso postergan dar el paso por medio a que estas heridas hagan estragos en su nuevo proyecto. Es verdad, es importante iniciar un proceso de sanación, es algo muy responsable por hacer, pero también es verdad que hay heridas que se van descubriendo ya estando casados, heridas de las que no te habías percatado y te tocará trabajarlas (o seguirlas trabajando) en tu matrimonio.



#2 Como todo cambio en la vida, implica una curva de aprendizaje


La curva de aprendizaje es el proceso en el tiempo que toma aprender habilidades nuevas. El matrimonio requiere que aprendamos nuevas habilidades y conocimientos.

Es verdad, quizá tuvieron un larguísimo noviazgo de 20 años (estoy exagerando) y quizá incluso se conocen desde que eran niños, pero el contexto del matrimonio es distinto, complejo (que no es sinónimo de difícil, sino simplemente refiriéndonos a la definición de la palabra: se compone de diversos elementos). En ese sentido hay que entender que tomará tiempo adaptarnos a la otra persona, a sus costumbres, creencias, tradiciones, no olviden que ambos vienen de familias distintas, son personas distintas y aunque ahora son una sola carne, no pierden su individualidad.


En la curva de aprendizaje podemos encontrar varias etapas:


Etapa inicial: Cuando la persona requiere tiempo y esfuerzo para aprender nuevas habilidades, información u otras cosas necesarias para desempeñar la tarea que va a desempeñar.

  • Etapa en dónde se ralentiza la curva: Una etapa en dónde cuesta un poco más aprender nueva información o ejecutar las habilidades.

  • Etapa de la meseta: Es un periodo en el que la curva de aprendizaje está estable, nuestras habilidades y aprendizajes nuevos se mantienen, no crecen pero tampoco disminuyen.

  • Etapa de crecimiento: Hay una profundización en aspectos, habilidades y otros conocimientos que hacen que la curva vuelva a crecer.


Es verdad, podrán formarse mucho teóricamente antes de casarse, leer muchos libros sobre el matrimonio, las relaciones interpersonales y demás, pero la práctica es distinta y es bueno saber que es un proceso de aprendizaje que implica equivocarse y enmendar los errores constantemente. Es normal sentirnos algo frustrados con nosotros o con nuestra pareja, ambos estamos aprendiendo a amarnos ahora como esposos.



#3 Aprenderás cosas nuevas de tu pareja


Insisto, aunque el noviazgo haya sido larguísimo e incluso aunque se conozcan desde niños, siempre aprenderás cosas nuevas de tu pareja partiendo de la idea de que estamos en constante cambio: la persona que eres hoy no es la misma de hace 5 años ni la que serás en 5 más.


Ojo, no estoy diciendo que vaya a cambiar drásticamente su personalidad, cuando el noviazgo es llevado desde la mirada del discernimiento conoces bien la personalidad de la otra persona: sus creencias, impulsos, reacciones, como maneja la frustración y la adversidad, entre muchas otras cosas. Está, la personalidad, es algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida (digo relativamente por que son pocos los cambios que se producen, cambios que no afectan el núcleo de la persona).


Eso, a mi punto de vista es algo muy positivo, Dios nos ha dado la oportunidad de crecer, madurar, ser una mejor versión de nosotros, y también no podemos negar que atravesaremos dificultades y adversidades que antes no habíamos experimentado (tanto en lo individual como a nivel matrimonial) y eso puede dar paso a cambios en nuestra forma de ver el mundo, crisis y muchas otras cosas que aprendiendo a manejarlas y vivirlas siempre pueden ayudarnos a crecer. Nada de qué temer, algo normal en el matrimonio.



#4 No están condenados a repetir patrones familiares disfuncionales


Puede que descubramos en nuestra familia o en la familia de nuestra pareja patrones negativos o disfuncionales de conducta. No temas, no estamos condenados a repetirlos. Cuando decides casarte, creas una nueva familia desde el momento en que dices “sí”, y siempre podemos hacer las cosas de una nueva manera, de una manera que resulte más útil y que sea más funcional para el tipo de familia que queremos ser y tener. A veces no sabemos como y no tiene nada de malo acudir con un profesional de la salud mental para recibir ayuda.



#5 No todo es comunicación asertiva


Es verdad que la comunicación asertiva es importante, pero no lo es todo, hay momentos en donde el silencio es más útil, y comunicarse lo será en otro momento. Hay ocasiones en donde solo escuchar al otro o ser escuchado edifica más que hablar. Esto se debe a muchas razones: quizá en ese momento yo o la otra persona no podemos hablar porque alguna emoción nos tiene enganchados o bien el momento y el lugar no es el más indicado, el humor de ambos o de uno, etcétera. En esos casos, a veces guardar silencio es la mejor estrategia; pero ojo, no por eso se pasa la página y no se habla del tema: ¡para nada! Se tiene que hablar si hay algún problema del cual hablar, pero puede hablarse en otro momento.



#6 Hay momentos en los que pensarás si esta persona fue la indicada o si tu eres indicado para ella


“¡Pero cómo! ¡Imposible! ¡Si te casaste es porque estabas seguro!” Sí, es verdad que nos casamos seguros de la decisión que tomamos, eso no implica que en ocasiones nuestra mente (cumpliendo su función de pensar) no nos presente pensamientos de duda o temor de habernos equivocado. Esos son solamente pensamientos y no necesariamente la verdad absoluta e indiscutible de la realidad. Podemos observar nuestros pensamientos con calma pues no somos nuestros pensamientos. Veamos los pensamientos como conexiones de neuronas que hace nuestro cerebro… siempre estamos pensando aunque en ocasiones no nos demos cuenta.


Otra forma de verlos es como un juego de ajedrez. Imagina que tus pensamientos y emociones incómodas y molestas son las piezas negras, las piezas blancas son todo lo contrario… ¿de que lado te gustaría jugar y ganar? Usualmente, todos decimos que del lado de las blancas: queremos tener pensamientos positivos, bonitos, agradables; lo mismo que emociones de este tipo… pero, ¿qué tal si pudiéramos ser el tablero de ajedrez? Si, el tablero de ajedrez en el que las piezas se mueven sin que él las controle o determine cuales se mueven, cuales ganan. Bueno, nuestra vida interior es así, se mueve según muchas cosas: situaciones, personas, lugares, cuestiones fisiológicas, etc. pero nosotros somos como el tablero de ajedrez (o podemos serlo) que no las mueve ni las cambia, simplemente las observa (en nuestro caso podemos experimentarlas sin juzgarlas y sin tratar de cambiarlas, pues a usualmente esto es el problema, no nuestros pensamientos o emociones).

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El matrimonio es increíblemente bello, justo hoy que escribo este post mi esposa y yo estamos cumpliendo un año de casados. Es poco, pero hemos aprendido mucho. Ayer por la noche estábamos haciendo un ejercicio de observar todos los cambios que ha habido en nuestra vida, las dificultades por las que pasamos este año en lo individual y en nuestra vida de pareja, los logros que hemos obtenido y lo increíblemente generoso que ha sido Dios en nuestro matrimonio.


El matrimonio es increíblemente bello y también complejo pero no imposible, no difícil ni tampoco perfecto, no tiene por que serlo, somos dos humanos imperfectos que han decidido unir sus vidas imperfectas, que aspiran cada día a crecer y ser mejores que sus versiones anteriores pero no a una perfección absoluta e irreprochable, esa es una aspiración irreal.



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Con amor, Bernardo.